Viernes Santo "Eco del silencio"

Rafael Blanco López

Hay un hombre suspendido en el tiempo, no en la madera, sino en la mirada de quienes no supieron sostener la suya.

 

Él no gritó como esperaban, no rompió el aire con reproches ni pidió que el dolor retrocediera.

 

Caminó con la lentitud de quien comprende demasiado, como si cada paso fuera una despedida que no se dice.

 

Lo miraban y no veían más que un cuerpo cansado, sin entender que allí, en ese desgaste, había una forma intacta de amar.

 

El día se volvió gris a su alrededor, como si el mundo aprendiera tarde lo que estaba perdiendo.

 

Algunos bajaron la mirada, otros siguieron de largo, y hubo quienes sintieron un nudo inexplicable en el pecho sin saber por qué.

 

Él permaneció.

 

No por fuerza, no por obligación, sino por algo más hondo que no se quiebra con el dolor.

 

Nadie lo dijo entonces, pero algo había cambiado desde ese instante, porque el amor ya no tendría una forma fácil de olvidarse.

 

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Rafael Blanco López 

Derechos reservados 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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