EL DÍA EN QUE TODO DOLIÓ EN SERIO

JUSTO ALDÚ

Hoy no hay mesa.

No hay pan tibio.

No hay conversación incómoda que se pueda esquivar con un chiste.

 

Hoy el mundo se parece demasiado

A sí mismo.

 

Las calles siguen abiertas,

los bancos abren,

la gente trabaja,

los autos pasan como si nada...

y, sin embargo

algo está siendo crucificado otra vez

en alguna parte

que preferimos no nombrar.

 

El hombre de Nazareth

no está colgado solo en la historia.

Está colgado en decisiones diarias,

en cuerpos que pagan lo que otros firman,

en silencios que aprietan más que los clavos.

 

“Padre, perdónalos…”

 

Y uno escucha eso

como quien oye una frase antigua,

bonita,

impráctica.

 

Porque aquí

sí sabemos lo que hacemos.

Sabemos a quién ignoramos,

a quién dejamos caer,

a quién convertimos en estadística

para dormir mejor.

 

Y aun así…

perdónalos.

 

La palabra cae

como agua en una máquina oxidada

que ya no cree en la misericordia.

 

“Hoy estarás conmigo…”

 

Pero hoy es difícil creer en paraísos

cuando hay gente

que no tiene ni dónde sentarse a llorar.

 

Hoy el cielo parece un edificio cerrado,

sin recepción,

sin respuesta automática.

 

Y, sin embargo,

alguien -al lado-

un desconocido,

un culpable,

un cualquiera-

recibe una promesa que no cotiza en ningún mercado.

 

“Mujer, ahí tienes a tu hijo…”

 

El dolor se redistribuye.

Como si amar

fuera hacerse cargo

de lo que no nos corresponde.

 

Como si la sangre

pudiera crear parentescos

más fuertes que la biología.

 

Y en algún hospital,

en alguna casa,

en alguna esquina donde alguien cuida a otro

sin obligación,

esa frase sigue respirando.

 

“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

 

Aquí ya no hay metáfora.

Aquí se rompe todo.

 

La fe se queda sin palabras,

la oración se vuelve un eco que no regresa.

 

Y cualquiera que haya estado

en el fondo de sí mismo

reconoce ese grito como propio.

 

No es teología,

es experiencia.

 

“Tengo sed.”

 

Sed de justicia,

dirían algunos.

Pero también sed literal,

de cuerpo,

de garganta seca en un mundo que vende agua embotellada

mientras deja morir de sed a otros.

 

Sed de sentido.

Sed de que esto signifique algo.

Y nadie responde con suficiente agua.

 

“Consumado está.”

 

No suena a victoria.

Suena a cierre de expediente,

a última línea de un contrato que no leímos bien.

 

Como cuando algo termina

y uno no sabe

si perdió o simplemente entendió tarde.

 

Y, sin embargo,

Ahí,

en ese final que parece derrota,

algo se completa

de una forma que no sabemos medir.

 

“En tus manos…”

 

Y al final,

cuando ya no queda argumento,

ni defensa,

ni explicación coherente,

solo queda eso:

soltar.

 

Como quien deja caer

todo el peso de sí mismo

en algo que no ve

pero espera.

 

El Viernes Santo

no es un recuerdo.

 

Es un patrón.

Se repite

en cada injusticia aceptada,

en cada dolor ignorado,

en cada vida que se apaga

sin titulares.

 

Y también,

-aunque cueste decirlo-

en cada gesto absurdo

de amor que no se rinde.

 

Porque mientras el mundo

siga crucificando lo esencial,

habrá siempre alguien

diciendo palabras imposibles

desde el borde del abismo…

y creyendo, contra todo pronóstico,

que aún tienen sentido.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

  • Autor: JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 3 de abril de 2026 a las 07:44
  • Comentario del autor sobre el poema: Usar las 7 palabras como columna vertebral. No se sienten forzadas, sino reactivadas en contexto moderno. Cada bloque funciona como: detonador simbólico reflexión contemporánea aterrizaje humano *anti poesía y cotidianidad. Cada quien lea o no. No soy teólogo, tampoco muy religioso. Esto es mera literatura, mero versolibrismo con toques antipoéticos. Reflexivo.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 13
  • Usuarios favoritos de este poema: Salva45, SienaR, Tommy Duque, Antonio Pais, JoseAn100, Lualpri, El desalmado, Rafael Escobar, CARMEN DIEZ TORÍO, Antonio_cuello
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.