Que su Dios se apiade
De todos nosotros
Los que decidimos caer perdidos
Y seguir pecando
Cada vez que pensamos
Solamente en su belleza
No me mal entienda
No hablo de morbo
Ni pasión
O deseo
No hablo desde esa belleza
Que es visible para todas
Que es visible para todos
Hablo yo de la belleza sutil
Esa que se ve en sus codos
En la parte detrás de sus rodillas
En los cortes pequeños de sus dedos
En el color rosado de su oreja
En la quinta pestaña
De la segunda fila
A un lado de la tercera columna
De su ojo izquierdo
Hablo yo de esa belleza
Que hace que me desvele y le escriba
Que hace que piense yo
Que si no se lo digo
Mi mundo se consume
Que debo decirle y recordarle
Que somos muchos los que pecamos
Pensando en su belleza
Que su Dios nos perdone
O usted misma
Que roza lo divino
Que su sonrisa regala consuelo
Que sus caricias bendicen
Que sus abrazos expian
Que sus miradas castigan
Usted que roza lo divino
Tanto así
Que hasta su indiferencia
Y olvido
Matan
Tanto así Diosa mía
Que su distancia me mata
Que su Dios
Y usted
Me perdonen
Por animarme a ser profeta
Por predicarle al mundo
Esa hermosura
Que hasta los ciegos observan
Que hasta los sordos escuchan
Y los incrédulos comparten
Que su Dios y usted
Me sigan bendiciendo
Más usted que su Dios
Porque su Dios podrá castigarme
Volverme penitente y pagar mi condena
Pero solo usted hace que sufrir penitencia
Por seguir redactandole a su rostro
Siempre valga la pena.
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Autor:
Byron Moreno (
Offline) - Publicado: 3 de abril de 2026 a las 02:20
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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