Circulación de la Luz

marco romero

Traigo la delicia salvaje de acordarme

de haber tocado el musgo que no tocaron mis dedos,

sino esas manos tuyas que son palomas inalcanzables

distantes de mis manos, pero nudos de mi pulso.

 

Y cuando tú me hables

de un cielo de obsidiana o de un paisaje de cal,

yo recordaré las estrellas que tus ojos inventaron

y la nieve que caía, pura, quemando tu pecho lejano.

 

Porque hay otro cuerpo por el que mis ojos descubren la tierra,

porque me vas amando con tus párpados de rocío,

y tu mirada me funda, me habita

y me recorre.

 

¡Qué relámpago de alegría, vivir

sintiéndome poblado por tu sangre!

Saber que no soy yo quien respira,

sino nosotros, estallando en la misma luz,

viajando en el mismo pulso,

viviendo la misma vida,

ardiendo en el mismo fuego,

cayendo en la misma lluvia.

 

No busco mi nombre, amor mío,

en el eco de las cosas;

lo busco en tu voz, que es donde ahora existo.

Somos el cauce y el agua,

la herida y el bálsamo,

una sola sombra proyectada bajo el mismo sol.

 

Somos, al fin, dos raíces

que se han encontrado bajo tierra

para beber de la misma sed

y florecer en el mismo asombro.

 

 

m.c.d.r

 

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