El abismo devorador te acecha
y la geometría de las brumas
se muestra seductora a tus ojos,
un rayo de luz te salva
habitando tu centro de eternidad.
No es que haya culpabilidad,
no saber es propio de la naturaleza humana,
nada es definitivo en este suelo transitorio.
No cesa tu sed insaciable
cuando planeas sobre los crepúsculos,
robándole besos al rey del firmamento,
los trocitos de tu ser
se derraman luminosos
y dejas puntitos en el cielo
que se volverán estrellas
cuando se esconda la claridad.
Abrazas a la noche
y te acurrucas en el silencio
aguardando con paciencia
el fulgor del nuevo día.
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Autor:
Eduardo Di María (
Offline) - Publicado: 2 de abril de 2026 a las 17:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, EmilianoDR

Offline)
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