Mi amor, el más liberado ,
no nació del júbilo sino de la ceniza,
de un nombre borrado por la lluvia y el tiempo,
de un latido antiguo que nadie quiso escuchar.
Habitante del silencio,
del rincón donde duermen las voces que no regresan,
donde el polvo aprende a pronunciar despedidas
y el tiempo se sienta, cansado, a mirar su propia herida.
En su antiguo dolor creció como árbol nocturno,
echando raíces en la sombra más honda,
bebiendo de la sal de lágrimas sin dueño,
levantando sus ramas hacia un cielo sin promesas.
Mi amor,
no teme a la tormenta ni al frío del abandono,
lleva en su pecho un tambor de fuego
y en sus manos la terquedad de la luz.
Es un sol encendido,
no de verano fácil ni de dulzura ligera,
sino de incendio lento que no se apaga,
de claridad nacida en la grieta de la noche.
Por quien merece este amor, arde sin descanso,
como faro en costas donde nadie mira,
como pan ofrecido en la mesa vacía,
como un grito suave que insiste en ser abrazo.
Y aunque el olvido vuelva con su manto de polvo,
aunque la historia repita sus sombras cansadas,
mi amor, el más sosegado, persiste,
terco, luminoso, invencible en su herida
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de abril de 2026 a las 14:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Carlos Baldelomar, JUSTO ALDÚ, Antonio Pais, alicia perez hernandez

Offline)
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