Hay una mesa tendida donde el pan no es solo pan y en una copa antigua el vino mantiene su temblor, como si supiera lo que viene.
Las manos se encuentran no desde la costumbre, sino desde una despedida que nadie quiere nombrar.
Un gesto sencillo -partir, compartir- se vuelve eterno, como si en ese instante el tiempo aprendiera a arrodillarse.
Afuera, la noche respira hondo.
Algo se rompe en lo invisible mientras una oración cae como gota insistente en la piedra.
Hay miedo, sí, pero también una entrega que no hace ruido.
Y allí compartiendo el pan, está un hombre llamado Jesús.
Abraza su destino, como quien abraza al mundo, aunque el mundo no entienda.
Y en medio de todo, queda encendida en su memoria que: debe amar incluso cuando duela, y ha de quedarse por qué sabe qué su final es apenas el comienzo.
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Rafael Blanco López
Derechos reservados
Como católico que soy me he inspirado en el momento de la última cena de Jesús antes de su muerte en la cruz.
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Autor:
Luis Rafael (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de abril de 2026 a las 11:17
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, El Hombre de la Rosa, Antonio Pais

Offline)
Comentarios1
La palabra escrita con gracia y pasión envuelven tus letras con el cariño necesaruio para describir poesía estimado Luis Rafael
Recibe un abrazoz cariñoso de tu amigo Críspulo
El Hombre de la Rosa
Gracias maestro y amigo por estar ahí. Cada comentario tuyo es una elixir para el alma.
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