Cansado de morir

Antonio Portillo




Cansado de morir,
la muerte ya no me mira.
Soy tan conocido por ella
que ignora otra vez mis pasos.
Y pasa de largo,
como si ya no le importara mi nombre.
Me dejo caer en los días
como quien ya ha ensayado todas las despedidas,
y aun así…
sigo llegando.
Sigo llegando, sí,
con la puntualidad del que no espera nada,
cargando el peso de una sombra gastada
que ya ni el sol reconoce como suya.
Soy el eco que sobrevive al grito,
el resto de un naufragio en tierra firme,
que insiste en brotar donde todo es granito.
…y sin embargo,
no termino de caer.
Porque hay algo en mí
que no aprende a desaparecer,
una grieta mínima
por donde la vida
se cuela sin permiso.
No es esperanza —
ya no la nombro—,
es otra cosa más terca,
más honda:
una forma de quedarse
cuando todo invita a irse.
Y en ese quedarse,
casi sin querer,
empiezo a entender
que no era la muerte
quien me ignoraba…
era yo
quien aún no sabía
cómo irme del todo.
Y así me descubro,
habitando el borde de mi propio abismo,
con las manos vacías pero el pulso lleno.
Ya no espero a la segadora,
ni busco el perdón de la sombra;
ahora entiendo que estar vivo
es este oficio extraño y terco
de no saber soltar el aire,
de ser el nudo que el tiempo no desata.
Me quedo, finalmente,
en el centro exacto
de mi propio incendio.

 

Antonio Portillo Spinola 

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Comentarios +

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    La palabra escrita con gracia y pasión envuelven tus letras con el cariño necesaruio para describir poesía estimado Antonio
    Recibe un abrazoz cariñoso de tu amigo Críspulo
    El Hombre de la Rosa

    • Antonio Portillo

      Querido Críspulo,
      tus palabras no llegan como comentario,
      llegan como quien enciende una luz en medio del verso.
      Saber que al otro lado alguien no solo lee,
      sino que siente,
      es el verdadero destino de lo que escribimos.
      Si mis letras llevan algo de gracia o de pasión,
      es porque encuentran corazones como el tuyo
      donde poder descansar.
      Gracias por estar,
      por mirar con ese cuidado que no se aprende,
      y por nombrar lo que a veces uno mismo no alcanza a ver.
      Un abrazo grande,
      Antonio



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