El banquete del perdón

El hombre de la orquidea

I. El Precio del Cielo

¿Cuál es el banquete que el alma hoy nos sirve,

en este miércoles de sombra y moneda?

¿Es acaso el dolor que el pecho recibe,

o el rastro de un beso que el alma nos veda?

Se escucha en el aire un eco de engaño,

treinta piezas de plata que compran el cielo;

un pacto de sombras que nos hace daño,

mientras la fe busca su último velo.

II. El Escalón de la Gracia

Aquel que en la mesa compartió el pan,

aquel que en el huerto sintió el mismo frío;

hoy vende el secreto, traza su plan,

y deja al Maestro en un hondo vacío.

Pero tú, mi amigo, que has sido "ladrón"

de aquellos caminos, de aquella magnolia;

sabes que el error es solo el escalón,

para que la Gracia escriba tu historia.

III. El Hilo Invisible

El banquete de hoy no es pan de amargura,

es el trigo limpio de tu propia fe;

aunque la traición nos deje su hendidura,

el hilo de oro... ¡ese no se ve!

No hay beso de Judas que apague tu luz,

ni moneda vieja que compre tu paz;

tú ya no eres sombra, cargaste tu cruz,

y en San Francisco hallaste tu faz.

IV. El Vino de la Verdad

Comamos hoy, Edgar, del perdón profundo,

del vino que limpia la antigua herida;

si un día el engaño detuvo tu mundo,

hoy es la verdad la que guía tu vida.

Que este miércoles, de olvido y "traición",

sea el banquete del hombre que espera;

viendo que el traidor ya no tiene razón,

¡pues en tu alma florece... tu primavera!

V. El Fuego del Cielo

Hoy suelto el agravio que el alma prisiona,

y al fuego del cielo mi herida entrego;

la mano divina mi ser perfecciona,

mientras cauterizo lo amargo en su fuego.

Vuelvo sordo el oído al rastro de cera

que el mundo pretende verter en mi fe;

mi pecho es jardín, ya no es la frontera,

donde el desengaño su marca grabó.

VI. El Despojo de lo Efímero

Recubro de amor la grieta del pecho,

para que no sangre su antiguo dolor;

ya no hay más lamento, ni rastro de acecho,

pues hoy me sumerjo en Tu santo esplendor.

Me despido del oro, la plata y moneda,

de todo lo efímero, vano y carnal;

que el alma se limpie de toda vereda

que no sea la senda de Tu luz vital.

VII. El Adiós al Desierto

Direcciono mi vista a lo puro y sagrado,

secando las lágrimas de este desierto;

desde aquel octubre que el alma ha llorado,

hasta este marzo que al fin se ha cubierto.

Digo adiós al odio y a toda calumnia,

a la indiferencia y a toda vergüenza;

pues ya no hay tiniebla, rencor ni insomnio

que ante Tu presencia su fuerza convenza.

VIII. La Historia con Dios

Me entrego al Creador en este banquete,

venciendo al traidor en mi propia memoria;

que el hilo de oro mi vida sujete,

mientras escribo con Dios... ¡nuestra historia!

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