Ausencia de pasado y nostalgia de futuro que sobrepasa a mi propia muerte; porque si existe un principio inviolable, es que todo debe morir por un tiempo o eternamente. Me he puesto de pie hoy frente a la ventana de mi caverna para ver en la Luna el destino que no veré jamás. 'Veo bebés llorar y aprender lo que yo nunca sabré' suena de fondo, flota en la habitación, cavilante y vibrante en la conciencia de que el cantautor murió antes de mi nacimiento. Esa canción la cantaba para mí, y ahora que yo existo, la canto para los que no han nacido.
Respirando suavemente en la oscuridad y levitando en una sabiduría que va naciendo, no dejo de pensar en que un día ya no estaré aquí, pero para aquella época ya no me importará como hoy; porque solo se extraña la vida cuando se es 'algo'. Cuando dejamos de ser, no extrañamos, porque cuando se deja de ser se pertenece a aquello que lo forma todo. Morir físicamente será solo regresar a la unión de nutrientes que harán florecer la cuna de los hermosos niños y bellas niñas del futuro, que conquistarán las estrellas mientras mi nombre se pierde en el eco del tiempo.
¿No es para eso que escriben los hombres? ¿Para la preservación de una conciencia? O quizás escriben para olvidar que son simples entidades de carne que morirán; o quizás escriben para una división a nivel de cuerpo, mente y palabra. Porque mientras escribo, estoy flotando suavemente en la oscuridad, mientras el teclado resuena en el silencio como un piano cuya melodía existe en mi mente: dulce, perversa a ratos, desafinada, pero principalmente hermosa y única, porque es la melodía que se emite en la vibración de lo que es mi existencia.
Yo no sé ciertamente por qué escribe el hombre, pero estoy feliz de estar de pie en esta ventana esta noche, mirando los cielos, esa Luna rosa del primero de abril, pensando en los astronautas que se alejan de la Tierra dulcemente; que se alejaron para ti que ya lo has vivido, que han vuelto y que han dado un enorme paso hacia los hijos del futuro. Porque el destino de la especie humana es el amor hacia el futuro: todo cuanto construimos o destruimos de nuestro mundo es por amor al mañana. Ellos no van a ver a los bebés del otro siglo remontar las olas oscuras del universo; no van estar presentes cuando hagan el amor en Marte y sientan el calor de la marea universal sobre sus pieles desnudas. No vamos a estar presentes para verles mirar nuestras tumbas y olvidarnos, pero aun así estamos aquí, viviendo el instante en que su destino se comenzó a construir.
Así también pasó antes, y pasó mucho antes, cuando el primer ser decidió abandonar los bosques para cruzar el mar; al cual le agradezco. Mujer anónima que abrazó su destino; hombre, padre, niño y abuelo mío, que atravesó temblando de frío el mar, así como aquellos atraviesan hoy las estrellas. De ellos tengo el legado universal de su curiosidad infinita. Las palabras que nacen de mí son para agradecer, frente a la ventana de mi templo oscuro, a los que han construido mi mundo; y espero yo, que hoy tengo 31 años, dar algo al mañana que les ayude a ustedes a construir el suyo. No sé quién seas, pero espero que cuando leas estas palabras, tengas la fuerza en la belleza de tu juventud dulce para construir un viaje hacia el cosmos que le dé sentido a tu experiencia humana. Te envío un abrazo desde la oscuridad de mi ventana; te abrazo en el tiempo y la distancia de mi propia muerte. No estés triste: yo soy el 'todo' ahora. Respira, y respirarás mi aire, hermano del mañana.
Ese era yo, frente a la ventana en silencio, aullando en mi conciencia hacia el cielo hoy
del libro, el otoño de un monje amargo.
-
Autor:
casand (
Offline) - Publicado: 1 de abril de 2026 a las 23:12
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Antonio Pais

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.