El gemido mudo de mi perro
quedó suspendido en el aire;
mis manos ya no alcanzan su altura.
Apoyo su cuerpo en la memoria,
donde el peso se vuelve leve,
y sus pasos, sin prisa,
aprenden el pulso de mi sangre.
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Autor:
Maria elizabeth Freire (
Offline) - Publicado: 1 de abril de 2026 a las 14:02
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Sergio Alejandro Cortéz, Loky, Andy Lakota👨🚀, El desalmado

Offline)
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