Inmóvil, respira. Animal antiguo, sobrevive el silencio.
Acumula inviernos, paciencia terrestre.
Cuerpo blanco perdido en la altura,
cubierto de hielo y esperanza.
Su agua baja por la montaña,
cruza piedras,
entra en los ríos,
y llega a mis manos.
En la canilla,
en la hilera de vid.
Un pueblo entero despierta
y pone a hervir agua para el mate.
Más de siete millones de personas viven de ese deshielo,
en casi 1800 localidades del país.
Hay quienes miran la montaña
y ven cobre,
oro,
litio,
cifras escritas en informes.
Pero debajo de esas cifras
hay manos que riegan,
mesas donde se sirve comida,
viñas que aprenden la paciencia de la tierra,
cultivos que esperan la estación justa.
La vida entera bebe de ese hilo de agua.
El huemul,
el cóndor andino.
La lenga, el ñire, el coirón.
El puma, el guanaco.
Vos, yo.
A veces una firma alcanza
para que un país descubra
que también se puede gobernar
contra su propia sed.
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Autor:
candeluz (
Offline) - Publicado: 1 de abril de 2026 a las 03:11
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Sergio Alejandro Cortéz, El Hombre de la Rosa, Salvador Santoyo Sánchez, MISHA lg, alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios1
La estrofa brota de tu pluma entregandose a tu genial versar estimado Candeluz
Recibe un abrazo de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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