Me desintegro en el umbral de tu nombre,
cuando tu amor me dicta el fallo de escarcha y olvido.
Estoy ausente, náufrago de mi propia arquitectura,
mientras mi sombra se queda colgada en el perchero del mundo
viendo cómo mi alma se fuga por el ojo de tu cerradura.
No me busques en la carne, que es un mapa quemado,
búscame en el silencio que dejamos entre gemido y latido.
Soy un fantasma de humo que ha olvidado su reflejo,
pero, de pronto, el universo se cierra como un puño de seda
y me encuentro arrodillado en el altar de tu pecho abierto.
Allí, en el refugio de tus brazos,
me encomiendo al misticismo de nuestros cuerpos:
tus manos son catedrales de sal donde el deseo no peca,
tu aliento es un salmo que inventa lenguajes olvidados,
nuestra piel se vuelve escritura sagrada que nadie ha leído.
Éramos dos galaxias colisionando en una gota de rocío,
un incendio que arde bajo el agua,
una oración que se reza con los labios pegados a tu cuello.
En tu abrazo no soy hombre, ni recuerdo, ni olvido,
soy luz que atraviesa el vitral de tu pecho
y se disuelve, en el misterio absoluto de existir en ti.
Ahora solo soy un peregrino, al fondo del camino
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 31 de marzo de 2026 a las 10:15
- Categoría: Amor
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: SienaR, Antonio Pais, Eduardo Rolon, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez

Offline)
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