Hoy moví una silla, no era necesario, no hacía falta espacio ni orden ni cambio, pero la moví unos centímetros, lo suficiente para que dejara de estar donde siempre ha estado. La miré un momento después, esperando algo, alguna sensación clara, como si ese gesto tuviera que significar más de lo que era, pero no pasó nada, y aun así no la regresé.
Antes todo tenía un lugar fijo, no por costumbre, sino porque mover cualquier cosa parecía alterar algo más grande, como si el orden de la casa sostuviera lo poco que quedaba en pie. Hoy no. Hoy la silla es solo una silla, aunque todavía me cueste creerlo del todo.
Caminé por el mismo espacio de siempre, pero hubo algo distinto en cómo lo atravesé, no tuve que esquivar recuerdos, ni detenerme en los mismos puntos, ni evitar mirar hacia ciertos lugares. No fue valentía, fue ausencia de resistencia.
Me detuve frente a la ventana sin pensar en abrirla, solo me quedé ahí, viendo cómo la luz ya no entra igual que otros días, no por la luz en sí, sino porque ya no estoy esperando que ilumine algo más, y eso también cambia las cosas.
Hay menos expectativa en todo, menos necesidad de que algo ocurra para que el día tenga sentido, y en ese descenso, en esa especie de caída lenta hacia lo simple, hay algo que no había notado antes: las cosas no se sienten vacías de la misma manera cuando dejo de medirlas contra lo que falta. Siguen incompletas, sí, pero ya no parecen equivocadas.
Me senté un momento, no por cansancio, sino porque no había prisa, y apoyé la espalda como si el cuerpo empezara a confiar otra vez en superficies que no van a ceder. Eso se había perdido, esa pequeña certeza.
Miré alrededor sin buscar nada en específico, sin tratar de encontrar rastros ni señales ni restos de lo que fue, no porque no estén, sino porque hoy no los necesito para sostenerme.
Y en medio de esa calma, que todavía no sé si es estable o pasajera, apareció una idea breve, casi sin forma: tal vez no se trata de llenar lo que quedó, ni de reconstruir lo que se fue, tal vez se trata de aprender a moverse distinto dentro del mismo espacio, sin pedirle que vuelva a ser lo que era, sin exigirme volver a ser quien era ahí.
La silla sigue donde la dejé, no cambió la casa, pero algo, apenas perceptible, ya no está exactamente en su lugar, y esta vez, no me incomoda.
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Autor:
Bruno Gatica 1 (
Offline) - Publicado: 31 de marzo de 2026 a las 02:38
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Eduardo Rolon, El Hombre de la Rosa

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