CABALLO NEGRO

Mari.o

CABALLO NEGRO 

[De la Calle de los Sueños]

 

Al caballo azabache
de coleta y traje azul
apostador de cartas.
Degolla habanos mientras
admira sus anillos
y jala de los tirantes.
Besa a las rameras
y cobra los paquetes. 

***

Al filo de la navaja
la orquesta no para
[esta noche en que todo y nada ocurrirá/
No love, no nuthin']. 

La euforia, el desatino
el baile, los sudores nocturnos. 

Toda esta masa pegajosa.


Multitudes de ojos se miran
[Y bailan, todos siguen bailando]... 

 

Cuando de pronto:
¡Fierrazo del Aguarraz!
Pero Don Pachuco
con astucia de leopardo amaga
el ataque. 

Finta. Burla. Desarma... 

Alguien morirá
enfrente del Gran Saloon. 

Nadie puede esperar más este momento
todos quieren ver el final
del caballo negro. 

[...] 

 

Terminó este mambito.
Se acabó la fiesta. 

¡Aaaaaaaah... ! ¡¡Dilo!!

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Comentarios +

Comentarios1

  • LOURDES TARRATS

    Muy estimado Mario, amigo:

    Gracias por compartir su escrito.
    En su poema, la noche se vuelve un escenario de humo y bravura,
    y ese “caballo azabache” que usted convoca
    camina como un mito entre el mambo, el filo y la carcajada.

    Hay en sus versos una picardía fina,
    un ritmo que se bambolea entre el peligro y el guiño,
    como si cada gesto del pachuco fuera coreografía
    y cada sombra, un cómplice que sonríe desde el rincón del salón.

    La fiesta que usted arma —sudorosa, musical, descarada—
    late con esa mezcla deliciosa de cine negro y cabaret,
    donde todo puede pasar y, aun así,
    uno sigue bailando porque la noche lo exige.

    Recibe un abrazo envuelto en bruma de orquesta y tirantes que chasquean, porque:

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