Apaga esa lámpara amor...
No quiero más luz
que la de tu mirada
traspasándome con bengalas
y desnudándome en antorchas...
Eres la ola del aire
golpeando mi piel
con la furia de la tuya.
Escucho tu canto
de placer y ternura
romper en mi sien y en mi olvido.
Ya no sé ni mi nombre
aunque tus labios
lo nombren al mordisquear
frenéticos
los míos...
Y es que,
yo sólo puedo escuchar
un te amo
seguido de un quedo suspiro
que no sé si es tuyo,
que no sé si es mío...
Me abandono
al compás ciego de tus vaivenes
que me desbaratan
y voy envuelta
en tus brazos de bronce
y tus dientes de luna
que me hacen ceniza
con el fuego abrazador
de tu sol beligerante
convirtiendo los espasmos
en ardiente duna...
Mas no te detengas
que hoy necesito tu extravío
y en él,
perderme de inconsciencia sensata
para irte amando
y que tus pausas
admitan que me perteneces
acusando a la locura
de ser presa del desvarío...
Tu lengua me hablará de cielos
sumergiéndome en uno,
y me hallará divagando
en ese idioma
de las cúspides nevadas,
y le responderé
con un profundo sonido,
tan álgido,
que temblarán
los cuerpos y las sábanas
y su vapor extinguirá el frío.
Aquel temblor que te narro
me roza cada espera
en la bruma bermellón
del deseo insolente...
y antes de arrivar me trastocas
desde el centro turbado
siendo su verbo, su ardor y vocablo
que se adelanta a tu llegada...
Mi hoguera
repara en la necesidad
incendiaria de tus brasas
poro a poro
al compás suave de mis ansias.
Te quiero esta noche
sin el paso callado.
Espúmame en la orilla estremecida...
Visítala confundiéndote
en su arena,
rompe todos los silencios...
Mójala,
mójame
y cántame con la palma
los sones de tu salina oda...
Escríbele sobre lo que soy de ti:
tu hoja, tu papel, tu gota,
la flor de canela
lubricada
en aceite de rosas...
toda tuya,
toda yo.
Regala a mi carne
el jugo de tu imaginación
y se mi fruta fresca,
mi menta,
las flores de tus besos...
tus dedos rasgando
mis costados y mis ruegos
y donde derive
impaciente
mi mar, encausa sobre las costas
tu placentero duelo...
Di que sueñas,
di que me sueñas,
y me fundes en el sueño
en el que me vives
y me matas sin desdén
pero con recelo..
Di qué sueñas
caracolas y pistilos
deletreándolos al sur
de cada fantasía
que paladeas conmigo
dejándote arrastrar
por los sabores tibios..
Di a los átomos
que estallan de nuestros chasquidos
que jamás como hoy
nos fuimos...
tú, mi flecha certera
yo, la cruz donde marcar tu sitio.
Jura,
que no hay registro mundano
o algún hito
que se jacte
de hacerme tuya
que conste en ninguna noche
de camas pasadas
o placeres fortuitos...
Que antes no hubo
más honda marca
del fuego de tu sello
al paso de otros bríos.
Que como en tu sangre
que a gritos me invoca
soy en esta hora
como la madreperla
que en el vientre
me moldeaste de tu boca...
Como ahora.
Yo, tu perla.
Y tú,
tú... tan mío.
Yamel Murillo
Cuando la Luna se muerde los labios©
D.R. 2017
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Autor:
Yamel Murillo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de marzo de 2026 a las 05:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios1
La destreza de tu generosa pluma entrega las palabras a tus preciadas estrofas estimada Yamel
Saludos de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Un honor tenerte siempre a la vera de mi jardín.
Te envío un gran abrazo, compañero.
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