La casa donde ya no estás

Bruno Gatica 1

Hoy abrí la ventana antes de que amaneciera, no por costumbre, ni por esperanza, solo porque el aire adentro se había quedado viejo, como si la noche no hubiera sabido irse del todo. Afuera no había nada distinto: la misma calle, el mismo ruido lejano de un camión pasando sin prisa, la misma luz gris empujando despacio las sombras.

 

Me quedé un rato ahí, de pie, sin hacer nada.

 

Eso es nuevo.

 

Antes, a esta hora, ya estaba peleando con lo que dejaste, era inmediato, casi automático: abrir los ojos y sentir cómo algo se acomodaba en el pecho, pesado, vivo, insistente, hoy no, hoy solo había silencio, no uno limpio, tampoco uno amable, un silencio que no pedía nada.

 

Caminé hasta la cocina, había un vaso donde lo dejé anoche, con una marca de agua que no recordaba haber hecho. Me pareció extraño darme cuenta de cosas tan pequeñas. Como si durante mucho tiempo hubiera estado mirando solo hacia adentro, y ahora, sin querer, algo me obligara a levantar la vista.

 

No pensé en ti de inmediato, y eso también es nuevo.

 

No fue alivio, tampoco culpa, fue más bien una pausa, una de esas que no sabes si agradecer o temer, porque no sabes cuánto va a durar, preparé café sin medir bien el azúcar, lo probé, estaba mal, pero me lo tomé igual, no tenía ganas de corregir nada.

 

Hay algo raro en este día, no se siente mejor, pero tampoco igual, como si la herida hubiera decidido no abrirse por unas horas, no por sanación, sino por cansancio.

 

Me senté en la mesa y apoyé los brazos como si estuviera esperando a alguien, no sé a quién, tal vez a mí, pero a una versión que no he terminado de reconocer.

 

Pensé en todo lo que antes dolía, en cómo cada recuerdo encontraba su lugar exacto para quedarse, hoy no, hoy pasan más lejos, no desaparecen, pero ya no llegan con la misma urgencia.

 

Siguen ahí, eso no cambia, pero ya no mandan.

 

Y en medio de todo eso, entendí algo que no suena grande pero pesa: no todo lo que se queda, lastima igual para siempre, algunas cosas simplemente se quedan… hasta que uno aprende a moverse con ellas sin romperse a cada paso.

 

No sé si esto es avanzar, no sé si mañana vuelva todo como antes, pero hoy, al menos hoy, la casa no se siente invadida, solo… vacía.

 

Y por primera vez, esa diferencia importa.

 

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Comentarios +

Comentarios2

  • Brom Beto

    Tristes momentos...instantes de congoja...pensamientos que vuelan alto, más alto...
    ¡Muy bien logrado!
    Shalom, colega de la pluma

  • El Hombre de la Rosa

    La destreza de tu generosa pluma entrega las palabras a tus preciadas estrofas estimado Poeta
    Saludos de Críspulo desde el Norte de España
    El Hombre de la Rosa



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