No te he visto de frente,
quisiera echarme algo de ti en las manos.
Tras la ventana veo la gente,
cada uno te recibe en brazos.
Bajas desde el frío, estornudada,
rociando el pavimento helado.
Caes tan constante, tan grata,
cubriendo las aceras de blanco.
Contentame esta tarde con tu alud.
Escarpa mi tejado, mi portal.
Vuélvete atrevida, por querer
a un mendigo dar un soplo invernal.
No he sentido tu caricia,
quisiera alzar rostro a los copillos.
Sin hacerme fantasías,
enfrascaría tantas nubes, por capricho.
Has vestido el barrio y sus calles,
mas a casa no llegó ni susurro.
Secaste los desagües, y los postes
congelaste de las puntas en apuro.
Bendíceme con una ventisca feroz.
Reclama mis pobres cristales, mi salón.
Conviértete en intrusa, por querer
a un mendigo dar un soplo de tu ser.
Despréndete de un copo, nada más.
Cual sobra que tu paso no dejó.
Escucha, que te grito, por favor:
amada nieve, ¿cuándo me vas a buscar?
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Autor:
Ian Tejeda (
Offline) - Publicado: 30 de marzo de 2026 a las 01:17
- Comentario del autor sobre el poema: Una canción que se sintió bastante urgente. Pronto empezaré a trabajar el arreglo en guitarra. Tal vez lo resuba cuando la grabe.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 15
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios1
La destreza de tu generosa pluma entrega las palabras a tus preciadas estrofas estimado Poeta
Saludos de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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