La verdad es que he tenido suerte,
una suerte de a pie, sin aspavientos,
la de haber nacido con el tiempo justo
para darle la mano a un buen amigo
y sentarme a mirar cómo el día
se inventa de nuevo en cada esquina.
Qué suerte haber nacido, créanme,
para jugarme el resto en la balanza
y entender que la derrota tiene su orgullo y la esperanza sus ojeras,
pero que al final del día, lo que cuenta,
es no tenerle miedo a los abismos.
Qué suerte nacer para aceptar
que el honesto y el perverso, pobres tipos,
comparten el mismo cielo y el mismo autobús,
aunque uno mire al sol y el otro al suelo.
Y sobre todo, qué suerte nacer,
para aprender el arte de quedarse mudo,
cuando el que sabe, explica,
porque escuchar es otra forma de querer y la única manera de no morir ignorante.
Lo digo sin carteles ni banderas,
sin ese triunfalismo de vidriera,
la verdadera victoria, la de uno mismo,
es aceptarse así, con sus piezas sueltas,
en este oficio tan lindo y tan difícil
que es simplemente... estar.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de marzo de 2026 a las 12:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz, kiry

Offline)
Comentarios1
Cuando la pluma habla sus letras versan en la poesía estimado José
Aludos de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
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