En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía
Hace un tiempo, en mis días de descanso solía a ir temprano al parque con mi bicicleta y después de unas vueltas por sus partes irregulares, me sentaba en una banca para disfrutar del fresco que proporcionaban los árboles; a esas horas de poco tráfico y escasos transeúntes bebía unos sorbos de agua escuchando los pájaros mañaneros, entre ellos el inconfundible arrullo de las palomas silvestres conocidas como torcazas, ese sonido me remontaba a mis años infantiles cuando la casa donde vivía gozaba de un patio amplio dividido con los vecinos por bardas y circundado todavía por monte, mi abuela apreciaba mucho esas aves, sobre todo las palomas comunes de inmaculada blancura pues (decía) le recordaban al mismísimo Espíritu Santo descendiendo sobre nuestro señor, por eso, en su memoria se me hizo costumbre guardar el pan o la tortilla sobrante del día anterior y esparcirlo pródigamente en el suelo para alimentarlas; al principio no se acercaban, pero poco a poco fueron adquiriendo la confianza hasta pulular a escasos centímetros de mis pies, incluso llegué a comprarles maíz quebrado, el cual consumían con mucha avidez dándome una satisfacción silenciosa.
Eso fue durante un tiempo, mientras gocé de un turno fijo en el trabajo, sin embargo por cuestiones personales tuve que renunciar y me ausenté una temporada de la ciudad; cuando volví a mi casa y comencé otro trabajo mis hábitos se modificaron: ya no me despertaba tan temprano y mucho menos retomé la costumbre de ir al parque con mi bicicleta lo cual a cualquiera le parecería irrelevante, cruzaba simplemente por ahí rumbo al trabajo sin mirar ni extrañar aquéllos días, el parque no había cambiado, afortunadamente seguía con sus árboles, sus bancas, sus pájaros, al menos hasta que, uno de esos días en que lo atravesaba como siempre, escuché una voz airada que me reclamaba:
- ¿Qué? ¿Ya no piensas darnos de comer?
Giré sorprendida y reconocí al grupo de torcazas que hacía meses acostumbraba a alimentar, habían aterrizado en el suelo y me miraban fijamente.
- ¿Cómo?¿Ustedes hablan?
-No te hagas la sorda, llevas mucho tiempo ignorándonos y tenemos hambre.
La que parecía ser líder se había adelantado unos pasos (más bien varios, tomando en cuenta su tamaño) el cuello bien erguido y el buche inflamado, su respuesta altanera me sorprendió y molestó al mismo tiempo.
- ¿Cómo se atreven? Nunca pensé que las palomas fueran tan exigentes, con lo tiernas que se veían, para empezar, no es mi obligación, ustedes son silvestres ¿o es que ya se les olvidó cómo buscar su alimento?
La torcaza, sin cambiar de postura ni amilanarse respondió:
-Por supuesto que nos pasamos todo el día buscando alimento, pero ¿acaso crees que es tan fácil en ésta isla, rodeada de asfalto y gente apática? ¡Ni en las sobras que sacan ustedes embolsada y revuelta con cuanta basura encuentran podemos hurgar!¡ Nosotras no tenemos garras ni colmillos como los gatos o perros y son ellos los que las consumen por más descompuesta que esté! ¡Además si bajamos tenemos que estarnos cuidando de sus bicicletas, de sus motos, sus carros, de sus perros, de sus mascotas y hasta de sus chamacos ociosos, así no se puede! desde que invadieron éstos terrenos nuestra existencia es muy difícil, ustedes siempre se la pasan quejándose de la carestía pero bien que se compran sus botanas y sus licores mientras nosotros tenemos que espulgar en el suelo empolvado, pensamos que tú eras diferente pero parece que no, primero nos alimentas y luego nos olvidas, exactamente lo que los demás humanos hacen con sus animales y hasta con sus supuestos seres queridos, son inconstantes y lo peor, capaces de abandonarlos a su suerte.
-No me salgas con sermones, ustedes no son mis mascotas y tengo cosas más importantes qué hacer en lugar de atender palomas insolentes, les traeré tortilla o pan cuando tenga tiempo. He dicho.
-No nos gustan ni tu pan tieso ni tus tortillas acedas, nos provoca agruras, el maíz quebrado en cambio es rico y muy completo.
-Uy, limosneros y con garrote ¿algo más su majestad?
-Déjanos un recipiente con agua, pero no en el suelo, porque vienen los perros y lo babean.
-¡Es el colmo! ¿Cómo se le habrá ocurrido al Espíritu Santo presentarse como paloma?¡Tan inocentes que se veían...
-Pues tú no eres precisamente la Virgen María...
-Ahora sí ya me hartaron, olvídense del maíz quebrado, ya me voy.
Con tono siniestro, inconcebible para un ave apariencia tan tierna le escuché decir mientras me alejaba:
-¿Nunca te han caído cagarrotas mientras caminas?
Me paré en seco, esa era una amenaza que no se podía tomar a la ligera, verme atacada desde arriba por esa veintena de pajarracos que defecaría sobre mi cada vez que me vieran me aterraba, suspiré resignada y desde entonces siempre salgo con medio kilo de maíz quebrado para esparcir en el parque.
-
Autor:
Lourdes Aguilar (
Offline) - Publicado: 28 de marzo de 2026 a las 05:05
- Categoría: Humor
- Lecturas: 17
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, CARMEN DIEZ TORÍO, Sergio Alejandro Cortéz, El Hombre de la Rosa, Salvador Santoyo Sánchez

Offline)
Comentarios1
Cuando la pluma habla las letras crean tus bella escritura estimada poetisa y amiga Lourdes
Recibe un afectuoso saludo desde Poemas del Alma
El Hombre bde la Rosa
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.