El Sagrario de la memoria 

El hombre de la orquidea

I. 

Un Hombre que no aprendió a olvidar

 

Aún latiendo con fuerza en mis arterias,

como el primer destello, sigue tu luz;

borrando de mi vida sombras y miserias,

con esa intensidad que vuelve todo bello.

No aprendí del olvido, vivo suspendido

en el tiempo bendito de lo que hemos sido;

hallando en tu alegría, mi bálsamo mejor,

un loco feliz en un día de amor.

Aún tus ojos cafés se graban en los míos,

un eco eterno que no tiene medida;

tu aroma es el paisaje que calma mis hastíos,

impregnando de gracia mi alma y mi vida.

Qué extraordinaria eres, con esa sutileza

que llena cada instante con mística luz;

mirar hoy tus canas es ver tu realeza,

la plata en tu pelo que es mi cielo y mi cruz.

Aún miro tu ternura a pesar de lo andado,

del tiempo que ha pasado limando el cristal;

y solo digo: "Gracias, Señor, por lo otorgado,

por dejarme vivir este cielo terrenal".

Vives en mi deseo, transformas mi mundo,

haciendo que el presente sea el suelo que sentí;

un joven que te ama con fuego profundo,

¡feliz de saber... que aún habitas en mí!

 

II. 

El mural de la rternidad

 

No aprendí del olvido porque el alma no quiere,

porque el tiempo es apenas invento del hombre;

mientras haya un latido, nada nuestro se muere,

pues mi fe se alimenta con solo tu nombre.

Hoy recorro tus manos, esos mapas de vida,

donde cada caricia es un verso en mi piel;

y bendigo la ruta, la paz y la herida,

porque todo me trajo de vuelta a tu miel.

Nuestra historia no es huella que el viento se lleva,

es el nudo de Ikat que el destino apretó;

es la llama que siempre se siente como nueva,

la victoria del alma que el perdón nos cedió.

Si me dicen que estoy de la mente ausente,

por amarte así mismo, con este denuedo,

yo respondo que vivo el mejor "Aquí y Ahora" presente,

donde tú eres mi centro, mi paz y mi credo.

No importa la orilla, ni el tiempo, ni el viento,

ni el mapa que el mundo trazó para sí;

tú eres mi sangre, mi luz y mi aliento,

¡porque el cielo es saber... que tú vives en mí!

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Comentarios +

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Cuando la pluma habla las letras crean tus bella escritura estimado El Hombre de la Orquidea
    Recibe un afectuoso saludo desde Poemas del Alma
    El Hombre bde la Rosa



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