De ti me queda el espacio, este espacio en donde habitan los números,
donde habitan sésiles nuestros cuerpos de tulipán: el tuyo morado.
De ti me queda la espera de tu mundo y la levedad de nuestra escucha.
Me queda invocar a esa criatura que llora en el manantial que arde
con el esplendor de sus palabras, que ha perdido a su amigo árbol
y le inventa a sollozos en aquel rincón
en el que aún permanecemos juntos, con nuestros alientos contenidos,
perdiendo nuestros colores…
No te molestes en responder. En los márgenes de los abismos no hay diálogos
y yo quedé entre las grietas, evitando la noche, huyendo de ella,
regalándote al sueño donde te nombro. No me busques en esas zonas
donde llené mis pulmones de tu aire para incendiar mi piel.
Siempre es buena opción cambiar a este mundo con el fuego.
De ti me queda el espacio, ese que adornaste cuando
retiraste el esmalte de tus uñas, liberaste el polvo que nos humedeció de pigmentos
que hizo nacer esa espera del autobús, ese refugio en las placentas del recuerdo.
Tal vez no sea con estos pasos ni con estos discos solares pendiendo
de tu cuerpo con los que vamos a llenar las nubes de agua,
tal vez no nos quede más
que ver desprenderse de sus difracciones
el atardecer que anida en el insomnio de tus manos.
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Autor:
hugo ivan cruz rosas (
Online) - Publicado: 27 de marzo de 2026 a las 02:42
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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