En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía
Está oscuro y silencioso, y yo con los ojos cerrados desde hace rato no logro sincronizarme con la oscuridad ni con el silencio, no son los recuerdos del día, no es la inquietud del mañana próximo con las mundanas preocupaciones que nos aquejan sino una mente en blanco recibiendo ráfagas de imágenes que se esfuman si abro los ojos, imágenes inconexas, incapaces de atrapar en dibujos o en palabras, es la mente una olla con palomitas que revientan sin control, inoportunos mosquitos que se alejan con cada movimiento corporal incapaz de conciliar el sueño.
Es la cuarta semana y me encuentro demacrada por la falta de sueño, se me va la madrugada revolviéndome, acomodándome, pensando, he intentado lo más común: pociones antes de acostarme, oraciones, pastillas, una limpia con hierbas; una vecina me recomendó que consultara con un neurólogo pero llegar a eso para mí significa la antesala del psiquiatra y es que se me hace tan absurdo que uno no sea capaz de determinar las causas de sus males, que sea necesario recurrir a alguien más que, por más preparado que esté no puede substituir nuestra mente para hurgar en sus interior y determinar con exactitud dónde reside el problema, la conexión o desconexión existente, como si como individuos no fuésemos incapaces de analizarnos, de estudiarnos hasta comprender nuestro propio funcionamiento anatómico y mental, me he quedado dormida en mi trabajo en dos ocasiones con sus respectivos reportes escritos y tuve que pedir unos días de permiso tan solo para no seguir haciendo el ridículo delante de los compañeros, acostada como siempre en medio de la oscuridad y el silencio medito: ir al neurólogo que ordenará exámenes, estudios que abarcarán más días de los que solicité como permiso, desembolso monetario, las citas… “los estudios no indican nada anormal ¿ya ha ido con el psicólogo?”
Me niego rotundamente a que escarben en mi cabeza, tampoco pienso llevar un diario con los breves sueños que recuerdo durante los escasos episodios que tengo para que alguien ajeno a mi cerebro haga conjeturas, la ciencia de la mente es fascinante sin duda pero nadie (a menos que posea un don específico) puede escanearnos al momento y asegurar dónde está el desajuste, por lo tanto me rindo, me pasaré las noches sin dormir y que mi terquedad me lleve a donde me deba llevar, perderé el trabajo sin duda, pero trabajar para invertir en estudios y loqueros que me dejen igualmente esquirlada económicamente es lo mismo pero menos estresante.
Otra noche en vela, con los ojos cerrados, simplemente acostada en la oscuridad escuchando el ladrido de los perros y el viento que aúlla afuera, las imágenes presentándose nuevamente en ráfagas sin dejarse atrapar como burlándose, colores, contornos, qué más da; poco a poco los ladridos se escuchan más lejanos, el aullido del viento también se atenúa semejando más bien el sonido del mar al acercar un caracol a los oídos, vaya, tanto insomnio me está trastornando, mis párpados permanecen cerrados ¿cuánto hace que no voy al mar o a un cenote? Meses, varios meses, bueno, quizá debería ir. El sonido es más nítido, como si estuviera sumergida, ya no hay más ruidos, solo esa sensación de estar rodeada por agua ¿será que ya me dormí? Mejor no abro los ojos, debo seguir a oscuras, mirando esas lucecitas que de repente se presentan, hacen juego con la sensación de mis oídos, parecen peces abisales centellando frente a mí, me muevo y al hacerlo no siento mi peso, solo mis miembros acomodándose en un espacio familiar, la sábana flota al igual que mi cuerpo en el espacio que invento para sobrellevar el insomnio, es mejor que obligarse a seguir un ritmo de sueño, mejor así, esa levedad acuática es agradable mientras permanezcan cerrados mis párpados, como una pantalla donde se dibujan los contornos oscuros de las rocas, el lecho marino tan vasto donde se alzan la paredes de los abismos con su infinidad de túneles y laberintos y con suerte toparme con alguno de esos barcos hundidos hace siglos, recubiertos por corales y algas, así, flotar, tan solo flotar, no darse cuenta si es realidad o tan solo un recurso mental para descansar; barcos hundidos con su tripulación y sus pasajeros convertidos en peces abisales, espectros que penan en la oscuridad alumbrándose con el último vestigio de esperanza, tal vez aguardando otra inversión de polos que drene el océano y los lleve a la superficie. Cuánta quietud, tan solo interrumpida por el canto de las ballenas, son ellas sin duda, puedo percibir sus vocalizaciones en mis poros, en los folículos de mi cabello, no conozco ese lenguaje, pero puedo intuir un penoso sentimiento de opresión, una inquietud, un deseo de permanecer lo más alejados de la superficie amenazadora de los océanos surcado por cruceros inmensos, acorazados, redes, sonares, explosiones, plataformas petroleras, ductos etc. Eso ya no me gustó, ese placentero flotar ya no es tan agradable cuando esas perturbaciones llegan hasta esos dominios, tal vez por ello la placidez me abandona, me voy poniendo pesada, mis oídos se destapan e inevitablemente mis ojos se abren para encontrar la débil luz del amanecer atravesando la ventana, tengo frío y descubro que estoy completamente empapada…
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Autor:
Lourdes Aguilar (
Online) - Publicado: 26 de marzo de 2026 a las 06:38
- Categoría: Fantástico
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

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