Al principio
todo parece una promesa.
Las palabras son amplias
como una casa abierta
donde caben los sueños.
Se habla de futuro
como si el tiempo
ya nos perteneciera.
Uno empieza a imaginar
mesas compartidas,
cuerpos tranquilos,
familias que se mezclan
como ríos que encuentran un mismo mar.
Pero el tiempo
—que siempre dice la verdad—
va quitando lentamente
las capas de luz.
Y entonces aparecen
los silencios que no escuchan,
los gestos que no llegan,
las manos que no sostienen
lo que la boca prometió.
La ilusión es un fuego hermoso.
Nos permite ver
lo que podría ser.
La revelación, en cambio,
es el espejo.
No destruye el sueño:
lo desnuda.
Y allí,
frente a lo que queda
cuando el brillo se va,
una mujer aprende
que no todo lo que se dice
es hogar.
Y que a veces
la mayor fidelidad
no es quedarse,
sino escucharse
cuando el alma
susurra
que merece
algo verdadero.
— Arih
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Autor:
Arih (
Online) - Publicado: 25 de marzo de 2026 a las 03:42
- Categoría: Sin clasificar
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