Ni la muerte nos separa. (A: Francis Castro Martínez).

Xavier Corea

En las vísperas de un silencio impuesto,
de las injusticias de la vida
cuando la noche se vuelve testigo de mi destino,
y el hierro amenaza con cerrar caminos,
escribo tu nombre como quien enciende luz en el abismo.


Francis…
si mañana me encierran entre cuatro paredes,
no creas que han logrado contenerme,
porque mi amor no conoce barrotes,
ni entiende de llaves, ni se rinde ante muros.

Podrán aislar mi cuerpo,
pero mi alma seguirá habitándote,
recorriendo la memoria de tu sonrisa,
anclada para siempre en el primer instante
en que mis ojos te reconocieron como destino.
El recuerdo de aquellos impresionantemente bellos ojos café.

Te gritaré…
aunque el silencio intente callarme,
gritaré tu nombre hasta desgarrar el aire,
y mi voz llegue a la rivera del Siquia, 
y su eco tu corazón escuche en la distancia,
allá hasta La Esperanza,
donde se guarda mi esperanza
de tenerte eternamente conmigo,  
y para que sientas que sigo contigo,
aunque no me veas.

Recuerda esto, amor mío:
no fue un momento,
fue lo divino,
que te puso en mi camino,
tus ojos, el sol de luz y yo
un solo destino, 
te he amado desde siempre,
como si mi alma te buscara desde antes de existir,
y al mirarte ese día supo que eras tú, 
siempre supe que eras tú, 
Mi gran amor, mi vida y mi destino.


Y si el tiempo se vuelve adversario,
y si la vida se oscurece hasta el último suspiro,
ni la sepultura, ni la muerte,
podrán arrancar este amor; 
Amarte es vida que la muerte no podrá arrancar
con su fúnebre santuario,
pues la inmensidad de nuestro amor, 
jamás podrá abarcar.

Porque amarte no es un acto,
es mi forma de existir, 
en tus ojos veo mi vida.

Te amo, Francis.
Hoy, mañana y más allá de todo fatal.

 

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.