En un rincón de polvo digital
duerme un archivo, gris y espectral,
con fechas antiguas y nombre sin voz,
guardando secretos que nadie guardó.
Fue creado una noche de prisa y café,
cuando alguien pensaba en lo que no fue;
le escribió recuerdos, promesas y más,
pero nunca volvió para verlo jamás.
Sus bytes se marchitan en lenta quietud,
sin ojos que lean su muda inquietud;
no sabe si adentro hay risas o error,
solo siente el peso de su propio rumor.
A veces la máquina suspira al pasar,
como si intentara volverlo a llamar;
pero el cursor titila, cansado y neutral,
y el archivo continúa… sin final.
Quizá un futuro curioso lo quiera encontrar,
y al abrirlo, sorprendido, empiece a pensar
que incluso lo que nadie volvió a mirar,
también tuvo un momento para existir y brillar.
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