No era la herida,
era la forma en que el cuerpo la recordaba.
Las hojas que bailan con el viento
son nuestras propias vidas
bailando con el destino.
Vida.
Bailar.
Música.
Vibrar.
Y en ese temblor invisible,
algo en nosotros
deja de resistirse.
El cuerpo, por fin,
se entrega a su propio ritmo.
ya no busca curarse,
sino comprender
que nunca estuvo roto.
Y el silencio después del baile
no es vacío,
sino el lugar donde el alma
reconoce su forma.
como si todo el camino
hubiera sido
aprender a escucharse.
y aún así,
hubo noches
en que el cuerpo temblaba sin música,
con el pulso roto
contra su propia jaula,
y el alma,
ciega de sí,
no sabía
si estaba cayendo
o recordando cómo caer.
y ahora, en ese gesto quieto,
la respiración encuentra
su nombre más antiguo:
estar.
sin deber nada al tiempo,
sin pedirle permiso a la herida.
Antonio Portillo Spinola
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de marzo de 2026 a las 10:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 63
- Usuarios favoritos de este poema: Hernán J. Moreyra, Henry Alejandro Morales, El desalmado, Antonio Pais, Eduardo Rolon, Sergio Alejandro Cortéz, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, Andy Lakota👨🚀, Mauro Enrique Lopez Z., zza

Offline)
Comentarios1
Bellas letras has escrito hoy para deleite de tu genial pluma estimado Antonio
Recibe un saludo de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
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