Rosas de sangre

Francisquico

Reclinado sobre espinas que rasgan mis carnes, fuente de dolor,

¿por qué se siente entonces como algodón,

Porque se siente tan bien si no es don?

 

Un río de sangre corre entre mis manos, horrendo a la visión,

que a la vista de los demás es perdición,

pero cuando Él toca el río castastroso,

rosas de sangre, que hermoso.

 

Brazos, corazón, costado abierto en dolor,

lo único cerrado es el rencor,

mientras todo en Ti queda entregado,

Oh Dios, que tornas lo horrendo en amor. 

 

Y si en Tu herida mi herida se esconde, 

¿qué queda ya de este pobre yo?,

si al tocarte sangro y en Ti he muerto,

sino perderme en Ti sin temor.

 

Si al tocarte sangro, y al sangrar florezco en Ti,

¿no será que en Ti muero y soy nacido,

que en tu llaga mi ser es consumido,

y en tu muerte encuentro amor?

 

Haz de mi carne altar encendido,

de mi llanto oración sin sentido,

y que este río que al mundo es temido,

sea camino que lleve a tu amor.

 

En la noche de mi alma, Tú eres fuego y temblor,

Tú eres herida que me arranca del dolor,

y mientras mi espíritu tiembla perdido,

Tu luz me quema y me llena de sentido.

 

Déjame hundirme en Tu pecho, Señor,

olvidar estas espinas que me han herido,

y que mi alma, deshecha y rendida,

cante en silencio tu amor.

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Bellas letras has escrito hoy para deleite de tu genial pluma estimado amigo
    Recibe un saludo de Críspulo desde España
    El Hombre de la Rosa

    • Francisquico

      Estimado Críspulo, es un verdadero honor recibir tus palabras. Que alguien con tu trayectoria y tu sensibilidad encuentre deleite en mis letras es el mejor halago que puedo recibir. Gracias por tu comentario.



    Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.