Reclinado sobre espinas que rasgan mis carnes, fuente de dolor,
¿por qué se siente entonces como algodón,
Porque se siente tan bien si no es don?
Un río rojo corre entre mis manos, horrendo a la visión,
que a la vista de los demás es perdición,
pero cuando Él toca el río castastroso,
rosas de sangre, que hermoso.
Brazos, corazón, costado abierto en dolor,
lo único cerrado es el rencor,
mientras todo en Ti queda entregado,
Oh Dios, que tornas lo horrendo en amor.
Y si en Tu herida mi herida se esconde,
¿qué queda ya de este pobre yo?,
si al tocarte sangro y en Ti he muerto,
sino perderme en Ti sin temor.
Si al tocarte sangro, y al sangrar florezco en Ti,
¿no será que en Ti muero y soy nacido,
que en tu llaga mi ser es consumido,
y en tu muerte encuentro amor?
Haz de mi carne altar encendido,
de mi llanto oración sin sentido,
y que este río que al mundo es temido,
sea camino que lleve a tu amor.
En la noche de mi alma, Tú eres fuego y temblor,
Tú eres herida que me arranca del dolor,
y mientras mi espíritu tiembla perdido,
Tu luz me quema y me llena de sentido.
Déjame hundirme en Tu pecho, Señor,
olvidar estas espinas que me han herido,
y que mi alma, deshecha y rendida,
cante en silencio tu amor.
-
Autor:
Francisquico (
Online) - Publicado: 24 de marzo de 2026 a las 08:59
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.