Gracias, Maestro, por hacerme un hombre de justicia,
obrero del honor en la escuela y en la vida;
por darme la palabra que sana y que acaricia,
y hacer del aula un templo donde el alma es bendecida.
Hoy reconozco el rastro de Tu luz en mi historia,
mudando mis temores en pasos de esperanza;
borraste mis prejuicios, limpiaste mi memoria,
y el humanismo santo hoy mueve mi balanza.
En este "jardín de luces", en esta obra pura,
puse el "Celo Ardiente" que La Salle me heredó;
formando ciudadanos con paz y con cordura,
en el refugio vivo que Tu amor nos concedió.
Hice de cada libro la llave que libera,
buscando que el pequeño, heredero de un Rey,
fuera un buen ciudadano en la tierra entera
y un hijo de los cielos, por Tu gracia y Tu ley.
Les enseñé a volar, mas no a que valoren mi vuelo,
les enseñé a soñar para no soltar su sueño;
les di lecciones de vida, mas no les enseñé a vivir,
pues no vivirán mi vida, sino la suya por venir.
Sin embargo, me alegro de saber que en cada anhelo,
en cada trazo propio que logren bajo el cielo,
perdurará mi huella, mi compromiso y amor,
en el camino enseñado con entrega y con valor.
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Autor:
El hombre de la orquidea (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de marzo de 2026 a las 00:03
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Eduardo Rolon

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