Alguna vez he creído volver
A tener la certeza de
Estar allí, donde
Ya no estoy,
Lugar
Al que ya no pertenezco.
Sé que ese espacio
Aún existe,
Sigue existiendo,
Pero ya no es
Para mí.
Desapareció en la bruma
Del tiempo.
Ahora, al igual que Marguerite Yourcenar,
También tengo una carta,
Guardada, que no
Sé dónde está. Sí
Sé que borré
Su firma,
El dibujo de
Su mano
Dejada en la última
Hoja.
De la novelista Marguerite Yourcenar tengo anotado un relato en el cual ella cuenta que en cierta ocasión encontró, en una carta de Flaubert, una frase inolvidable: “Los dioses no estaban ya, y Cristo no había aparecido aún”. Todos, unos antes y otros después, hemos avanzado alguna vez por entre un espacio de tiempo en que creímos no ver jamás el final ese camino en el que nunca previmos el final; sólo sé, lo supe un día, en que de repente me pregunté: ¿Dónde estuve yo?.
“Esta vida es un hospital”. Esta es una frase que la leí del poeta Baudelaire, está en su libro de poema “Las flores del mal”, habla de un enfermo que siente la necesidad diaria de cambiar de cama. Antes que el escritor, el poeta, el artista mismo, está el hombre, y la mujer, que necesitan descubrir la última mirada para no olvidar nunca qué sucedió. La persona en lo más profundo de su intimidad lo que realmente quiere es cambiar el mundo, este mundo, o al menos saber que lo ha intentado; algunas veces nos distraemos, nos distraen, y creemos – en ese instante – que fue necesario aquel momento. Siempre ocurre igual: años después descubrimos, tarde, que nunca debimos subir a ese tren…
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 23 de marzo de 2026 a las 16:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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