Mis padres mi mayor bendición 

El hombre de la orquidea

El Jardín del Ikat: Raíz de Gualaceo

 

Vengo de un jardín de luces, de un rincón de fe y de historia,

donde el Santa Bárbara arrulla la paz de mi propia memoria;

Gualaceo es mi cuna santa, mi principio y mi heredad,

tierra donde el honor se hereda con total naturalidad.

Allí nació mi madre, de origen humilde y profundo,

con un corazón de oro que es el más grande del mundo;

en sus ojos guardo el brillo de la acequia y del rosal,

y en su voz la enciclopedia de una estirpe sin igual.

Como el hilo del Macana, que se anuda con paciencia,

ella fue tejiendo en mi alma la rectitud y la ciencia;

me enseñó que ser de pueblo es una honra de cristal,

si se lleva la palabra como un pacto inmaterial.

Cada semana regreso a buscar ese frescor,

viajo al encuentro del río, de la calma y del honor;

busco en sus anécdotas vivas el folklore de mi ser,

el sabor de la nostalgia que me enseña a florecer.

Aunque el Cajas me cobije con su niebla y su quietud,

mi raíz está en el valle, cuna de mi juventud;

madre, tú eres el paisaje, la gastronomía y la fe,

el mapa que me indica dónde siempre volveré.

Gracias por ser la guardiana de lo que el tiempo no borra,

por ser la luz del jardín que mi caminar socorra;

soy un hombre de Gualaceo, de palabra y de estirpe,

¡que el orgullo de mi origen ningún olvido disipe!

 

El Taller del Honor: Cuero, Lección y Bendición

(Homenaje a la Estirpe y al Oficio)

Gualaceo es mi cuna, mi principio y mi heredad,

tierra donde el honor se hereda con total naturalidad;

allí creció mi padre, obrero de mano bendita,

maestro del calzado que en mi pecho hoy habita.

Él me enseñó que la obra se pesa para ser perfecta,

que la marcha de un hombre de bien debe ser siempre recta.

Entre el cuero y la suela, entre el yunque y el altar,

fui creciendo al amparo de un bendito y noble hogar;

papá puso el martillo, la medida y el valor,

mientras la casa se ungía de caridad y de amor.

Él hace dos años que al cielo su vuelo emprendió,

pero el peso de su ejemplo en mi alma se grabó.

Hoy devuelvo a mi madre su gracia y su dulzura,

ella es mi libro abierto, mi enciclopedia de ternura;

juntos forjaron en mí la rectitud y la ciencia,

con la fuerza del hierro y la luz de la paciencia.

Me enseñaron que el origen es una honra de cristal,

si se lleva la palabra como un pacto inmaterial.

Gracias, Dios, por esta raíz de taller y de mundo,

por los padres que me hicieron un hombre rico y profundo;

soy un hijo de estirpe, de palabra y de fe,

¡que el orgullo de mi sangre siempre me mantenga en pie!

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  • Autor: El hombre de la orquidea (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 23 de marzo de 2026 a las 00:04
  • Categoría: Espiritual
  • Lecturas: 1
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