Aquiles ante sus hijos

Darío Méndez

 

Dicen que soy invencible.
Que mi nombre retumba
como bronce contra el escudo del tiempo.

Que la gloria me espera
del otro lado de la lanza.
Me ofrecen eternidad
a cambio de mi sangre.
Una vida breve
ardiendo como antorcha en la historia, o una vida larga
sin canto, sin estatuas,
sin poetas que pronuncien mi furia.

Eso dicen.
Pero nadie me habló
de esta otra batalla.
Nadie me advirtió
que antes de partir hacia Troya tendría que sostener
la mirada limpia de mis hijos.

Ellos no saben de epopeyas.
No entienden de honor ni de destino.
Solo se aferran de mi mano
como si el mundo empezara ahí.

En sus ojos
no soy mito,
ni semidiós,
ni guerrero temido.

Soy refugio.
Y entonces tiemblo.
Porque la gloria exige distancia, exige muerte temprana, exige que mi nombre sea más grande que mi cuerpo.

Pero sus manos pequeñas
me reclaman entero.
¿De qué sirve ser inmortal en los cantos
si mi voz no acompaña sus noches?

¿Para qué la historia
si mi ausencia es la primera herida?
Me dicen que el héroe no duda.

Mienten.
El héroe verdadero tiembla
cuando comprende
que toda trascendencia
tiene un precio.

Y yo, Aquiles,
potencia desatada,
fuego hecho carne,
descubro que mi talón vulnerable no está en el pie.

Está en la mirada de mis hijos pidiéndome
que me quede.

  • Autor: Darío Méndez (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 21 de marzo de 2026 a las 18:32
  • Categoría: familia
  • Lecturas: 2
  • Usuarios favoritos de este poema: El desalmado
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