El Surco De La Voz
Mercedes Sosa
¿Quién guarda la memoria de la tierra seca?
¿Quién nombra al viento cuando el trigo calla?
¿Quién recoge la voz que cae del jornal vacío,
la sílaba rota
que nadie se atreve a pronunciar?
Pregunto por las manos que aprendieron a callar,
por los huesos que sostienen la costumbre,
por los ojos que vigilan
sin saber ya qué esperan.
¿Quién mide la distancia entre el hambre y el olvido?
¿Quién borra los nombres
cuando estorban?
Hay un surco abierto en la garganta del mundo.
Y alguien lo sigue abriendo…
cada día.
No basta con decir que el agua corre,
hay que saber a qué sed está llamando.
No basta con gritar que el sol calienta,
si hay cuerpos que caminan en la sombra.
No basta con nombrar la libertad,
si el pan se esconde lejos de las manos.
No basta con rezar hacia los cielos,
si la tierra responde en silencio.
He visto al hombre partir su propia voz
para no escuchar lo que sabe.
He visto la dignidad doblarse despacio,
como un árbol
al que nadie riega.
He visto el miedo aprender a hablar claro,
y aplaudir.
Y sin embargo…
la semilla insiste.
Insiste en la grieta,
en la herida,
en la lengua cerrada del que resiste.
Pero también…
hay manos que la entierran viva.
El poeta no es un eco en el desierto,
ni un espejo que se contempla intacto.
Es la grieta por donde el mundo sangra,
la astilla de luz
que incomoda a la noche.
Es la palabra que no se deja domesticar,
aunque la laven,
aunque la vistan,
aunque la llamen mentira.
Es la voz que regresa
aunque le rompan la boca,
aunque le nieguen el aire,
aunque la entierren de pie.
Surco…
herida…
nombre…
memoria…
No basta con cantar lo que nos duele,
si el canto no desgarra lo que toca.
No basta con llorar sobre la herida,
si nadie se atreve a abrirla.
No basta saber del miedo,
hay que arrancarlo
de la boca que lo esconde.
No basta con vivir bajo este cielo,
si el cielo pesa
como una culpa heredada.
Que la voz se levante como un cuerpo sin miedo.
Que el silencio se rompa como un hueso cansado.
Que no canten solos los que aún tiemblan,
que no callen nunca los que han visto.
Que la palabra arda en cada boca,
que la tierra escuche lo que el hombre calla.
Que el canto no sea refugio,
sino herida abierta.
Que no consuele,
que despierte.
El silencio…
también tiene dueños.
Porque cuando el canto se vuelve de todos,
ya no hay un hombre que sostenga el ruego.
Es la historia misma rompiendo sus muros,
es la sangre antigua
volviendo a la voz.
Es el aire libre…
que aún no es de nadie.
Que aún no es de nadie…
Que no es… aún… de nadie…
Y alguien…
lo está cerrando.
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Autor:
Wii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de marzo de 2026 a las 00:05
- CategorÃa: Reflexión
- Lecturas: 1

Offline)
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