La Democracia

Luis Barreda Morán

LA DEMOCRACIA

I
La democracia es el antiguo anhelo del pueblo convertido en voz,
es la arquitectura sutil que levanta el poder desde la base,
es la promesa escrita en el aire de que nadie es más que nadie,
es el pacto de construir un hogar común con las manos de todos,
es la doctrina que sostiene que la soberanía no se doblega ni se vende.

II
Ella promete al ciudadano un horizonte de libertades públicas,
le asegura un lugar en la mesa donde se decide su destino,
le ofrece el voto como una herramienta de transformación constante,
le garantiza que la autoridad será siempre un inquilino pasajero,
y que al final del camino su voz tendrá el mismo peso que la del poderoso.

III
La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro,
ni ninguno tan pobre que se vea precisado a venderse;
pues este equilibrio frágil es la columna vertebral de la república,
donde la dignidad humana no se subasta al mejor postor
y la libertad no es un lujo, sino un piso firme para todos.

IV
La función del Estado es la de un jardinero que cuida el suelo común,
administrando los recursos con la mira puesta en el bienestar colectivo,
creando el orden jurídico donde la ley es la brújula y no el capricho,
siendo el agente que impulsa el cambio para que nadie quede atrás,
y dirigiendo la nave del gobierno con la mirada en el horizonte del pueblo.

V
El gobierno ejerce el poder temporal que emana de las urnas;
ejecuta las leyes para que la convivencia sea un tejido sin roturas.
El parlamento debate y construye los códigos de la armonía,
la justicia vigila que los pactos no se rompan con la fuerza bruta.
Mas para que el pacto social sea firme y no una vana fantasía,
la ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie;
su balanza ha de pesar con igualdad la falta del poderoso y la falta del plebeyo,
pues solo así, entre estos poderes, la justicia se mantiene siempre firme.

VI
Para garantizar la promesa, el Estado debe erigir instituciones de cristal,
donde la transparencia sea el muro por donde la luz siempre se cuele,
donde la rendición de cuentas sea un ritual cotidiano y no un acto de fe,
donde la separación de poderes sea una muralla contra la tiranía,
y el acceso a la justicia, una puerta abierta para el más humilde.

VII
Las elecciones deben ser el espejo limpio de la voluntad popular,
un rito periódico y justo donde la alternancia es signo de salud,
un espacio donde los partidos compitan con ideas en lugar de espadas,
y donde el voto de cada persona sea un ladrillo en la construcción del futuro,
sin que el ruido del poderoso ahogue el susurro del que menos tiene.

VIII
En un país bien gobernado, la pobreza es motivo de vergüenza,
porque evidencia las grietas en el muro de la responsabilidad colectiva;
en uno mal gobernado, lo vergonzoso es la riqueza,
pues denuncia el abismo cavado por la codicia y la impunidad.
La democracia debe ser el puente que acerque estas dos orillas.

IX
El Estado debe garantizar la libertad de expresión como un músculo vivo,
para que la prensa sea el faro que alumbre los rincones oscuros del poder,
para que la crítica sea el cincel que refine la estatua del gobierno,
y para que el pensamiento diverso florezca sin miedo a la represalia,
protegiendo al vulnerable y al disidente bajo el mismo manto de la ley.

X
La participación ciudadana no termina en el acto solitario del sufragio,
sino que se extiende en el control cotidiano de los actos públicos,
en la exigencia de que la información fluya como el agua clara,
en la capacidad de organizarse para corregir el rumbo establecido,
y en hacer de la plaza pública un espacio de diálogo permanente.

XI
El respeto a los derechos humanos es el termómetro de la salud democrática,
pues un sistema que oprime a las minorías traiciona su propia esencia.
La igualdad ante la ley debe ser una verdad palpable y no un adorno,
y la protección contra el abuso de poder, un escudo infranqueable,
para que la dignidad sea el piso y no el techo de la sociedad.

XII
Así, la democracia es un edificio que se construye cada día,
con los ladrillos de la participación y el cemento de la justicia,
con los planos de una constitución que limita al poderoso,
con las ventanas abiertas de la transparencia y la verdad,
para que en su interior la libertad del pueblo sea eterna e indestructible.

—Luis Barreda/LAB
Glendale, California, EUA 
Marzo, 2026.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 18 de marzo de 2026 a las 03:06
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.