◇ Ángeles al atardecer
Un accidente de ruta provoca la intervención de un ángel en la sala de un hospital. Un anciano y un joven luchan por sus caóticas vidas.
Faltaba solo un hilo conductor y algo de energía adicional. De la mano del Ángel surgió un apagón que duró tan solo un instante; sin embargo, bastó para hacer el cambio que se necesitaba para trasladar un alma de un cuerpo al otro.
De no mediar esta instancia, se hubiesen perdido dos vidas.
El Ángel estaba en una misión de prueba y aprovechó lo que el destino le brindaba, servido en bandeja.
El muchacho estaba con politraumatismo y la cabeza vendada, por lo que no podía ver temporalmente su aspecto.
Habían pasado varios días en coma y recién él recobraba el conocimiento, por lo cual la confusión era grande. Los dolores no lo dejaban pensar demasiado.
Cuando le quitaron las vendas no pudo dimensionar ni reconciliar su presente. Las molestias se fueron disipando, pero un sentimiento extraño se instaló en su mente. Algo no estaba bien. Tardó bastante tiempo en saber qué era, pero supo que debía callar. Solo se alegró de estar vivo.
Después de varias semanas, una mañana, ya mejor, al despertar se encontró hablando con las enfermeras. Le contaron lo sucedido y se alegró de no haber muerto en el fatal accidente.
Preguntó por el otro conductor y le informaron la edad y el sexo, y que no pudieron hacer nada para salvarlo, cosa que lamentó profundamente.
Según los doctores, su salud evolucionaba bien; sin embargo, tardaba en recuperar la totalidad de su conciencia. Se lo veía distante. El progreso era lento, pero había un buen pronóstico de futuro. Le dijeron su nombre, le mostraron sus documentos; estos no estaban demasiado legibles y no pudieron contactar con familiares, porque además él no recordaba demasiado.
A medida que recuperaba algo de movilidad y conciencia, la memoria le traía imágenes de un pasado lejano. Entonces empezó a tener conflictos con sus recuerdos.
Al evaluar su presente psicológico inestable, comenzaron a incluirlo en terapias de apoyo.
No obstante, no dejaba de pensar en el conductor del otro auto.
Las luces se cruzaron y no hubo tiempo para ensayar otra opción; el choque era inminente. Pegó un volantazo para evitar un choque frontal. Eso hizo que uno de los dos se salvara.
No siempre la lógica de uno es igual a la del otro.
Así que ahora, después de conocer los hechos, solo quedaba una vieja frase:
“Agua y ajo” (muletilla de un viejo gerente).
Una madrugada, al despertar sobresaltado, se dio cuenta de que su espíritu humano era más joven que su apariencia. Hasta recordaba su verdadero nombre; pero al confrontar estas realidades, terminaba en una crisis o en un desmayo.
Estos episodios se fueron haciendo esporádicos, pero molestos, marcando una realidad desconocida.
Los profesionales le habían dado un panorama real de su presente. Le hicieron hincapié en que no se preocupara tanto por cosas que desconocía, pero que aceptara mejorar su vitalidad.
Lo veían de muy buen ánimo y de espíritu joven, a pesar de sus 68 años.
Esto, lejos de animarlo, lo preocupaba aún más, porque no podía blanquear sus dudas, por descabelladas que fueran. Lo único que hacía era confundir más su precaria memoria, por lo que él, en su interior, creía que su conciencia no podía superar los treinta años de edad…
—Me dicen que tengo 68 años… están locos…
Otra madrugada, al despertar lentamente, se dio cuenta de que no estaba solo en la habitación. Vio lo que parecía ser la imagen de un ángel, semitransparente, sentado a sus pies.
Hablaron en susurros y, salvada la primera impresión, comprendió lo raro de su presente ambiguo.
El ángel aclaró sus dudas y se fue. Le dijo que el otro cuerpo, el del joven, estaba inviable y, por otro lado, el cuerpo del anciano estaba mejor, convirtiendo ese instante en algo único. Nunca supo si fue algo imaginario o si realmente estuvieron juntos en ese momento. Eso carecía de importancia, pero le hizo comprender que debía aceptar su nueva realidad si quería salir bien de todo aquello.
Porque la realidad actual mostraba a un anciano con un espíritu demasiado joven.
Cosas de un ángel al atardecer.
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Autor:
Vientoazul 🦋⃟ ©
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Autor:
Vientoazul (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de marzo de 2026 a las 00:48
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 1
- En colecciones: Cuentos y relatos, Desde el Altillo azul.

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