Hay tantas, tantísimas, cosas
Urgentes que a nadie le queda
Ya tiempo para ocuparse
De las cosas serias.
Algunos dicen que
Lo que al final
Prevalece es
La
Desolación.
Si algo he llegado a valorar sobremanera de aquellos años de mi niñez, y hasta de la juventud, fue que apenas sabíamos nada de lo que pasaba en el mundo; se imponía el silencio porque lo que en verdad se pretendía con ello era generar desconocimiento, hoy es todo lo contrario: Ruido.
Recuerdo haber leído que el escritor húngaro Sándor Márai acabó su vida suicidándose, como otros tantos escritores y por la misma razón; dejó escrito en un Diario personal todo el asco que sentía por la escritura, decía que escribir era un acto vanidoso, senil y que las palabras eran cianuro: pero también dijo en unas últimas líneas de su Diario que: “…Sin embargo, hay que contar lo que se esconde detrás de todo”. Tuvo la valentía de escribir que nació y fue parte de una sociedad – la Budapest de los años 30 del siglo XX – hipócrita y cínica a la que siempre odió. Este caso y estas letras, cuando las leí, siempre lo he recordado, me hizo pensar en muchos supuestos escritores que he conocido personalmente pero que con el tiempo uno acaba por descubrir que nunca lo fueron; escritores que cedían, que se entregaban, incluso que se prostituían con tal de estar cerca de las élites políticas a la cual se entregaban a cambio de premios, reconocimientos y hasta prebendas.
En un muy famoso restaurante situado en la Playa de Las Canteras en Las Palmas de Gran Canaria, hoy ya cerrado, una noche de un sábado de hace más de 30 años yo estaba cenando con mi esposa y mi hijo de cinco años en aquel entonces, al lado de mi mesa había otra vacía pero con el cartel de reservada; cuando empezaron a llegar los comensales me llevé una sorpresa que en principio no supe cómo calificar; saludé a los recién llegado con un leve gesto con la mano dado de que todos me eran conocidos y yo de ellos, esto fue sin levantarme; allí, en aquella mesa, estaba el subdirector de un periódico que era el más importante de la ciudad, un pintor muy reconocido, un escultor (el cual un año después y decepcionado con la sociedad aprovechó la colocación de una estatua para decir, públicamente y frente a todas las autoridades de la ciudad que: “ El conocimiento nos lleva a la cultura, la cultura al mundo intelectual, desde éste nos empujan a la política y de la política acabamos en la mierda” así, tal cual lo dijo y se publicó en la Prensa. También en aquella mesa había dos novelistas mediocres, una alta autoridad de la Ópera, director de la Filarmónica de la Ciudad, el Director de la Casa Colón de Las Palmas de G.C. y el dueño de una emisora de radio local en la cual colaboré un tiempo. Los temas que allí trataron, sin reprimirse en disimularlos, ni esconder las barbaridades que se escucharon me llevó a comprender mejor aún en manos de qué sociedad con tanto poder garrulo estamos los ciudadanos que insistimos en criticarla…
Cuando una persona quiere y decide escribir debe poco menos que apartarse de la sociedad en que vive, alejarse e importarle un carajo lo que otros piensen de lo que él escribe: entre más radical y más duro se es menos posibilidades hay de cualquier contaminación exterior.
C
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 17 de marzo de 2026 a las 16:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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