A TI, MARIBEL
Con tu dulce vanidad
de tan linda mujer,
te dedico estos versos
y te admiro también,
aunque ya en este mundo
no te pueda yo ver.
Muchos a Maribel
la quisieron juzgar,
por la gracia divina
que sabía llevar,
esa esencia tan suya,
tan difícil de igualar.
Con delicadeza fina
y un brillo especial,
una belleza tan pura
que hacía suspirar,
y en todo aquel barrio
la miraban pasar.
Moviendo sus caderas
con ritmo de mar,
como olas que bailan
sin miedo a parar,
era fuego y ternura
difícil de ignorar.
Y sí… le gustaba un poco
celos provocar,
cuando aquellas miradas
no podían disimular,
y más de una esposa
la llegaba a notar.
Pero todo en ella
era natural,
como viento libre,
como un vendaval,
enseñando en silencio
a saberse valorar.
Pasaron los años,
y nunca cambió,
siguió siendo esencia
de lo que ella fue,
una mujer que al mundo
su magia le dio.
Doña Maribel,
mujer sin igual,
naciste para el mundo
con luz especial,
recordando a todas
que hay que brillar.
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Autor:
Evola.RL (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 17 de marzo de 2026 a las 10:47
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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