La indiferencia es una forma silenciosa de violencia.
No grita, no discute, no rompe puertas… pero desgasta.
Es como hablarle a una pared que alguna vez prometió ser hogar.
Hay palabras que se dicen con tanta facilidad:
“ahí voy a estar”,
“no te preocupes”,
“yo no te voy a fallar”.
Pero las palabras, cuando no se cumplen, se vuelven algo más pesado que el silencio.
Se vuelven evidencia.
La indiferencia se siente como esperar un mensaje que nunca llega,
como explicar lo que duele y notar que del otro lado solo hay un “ajá”.
Es mirar cómo algo que juraron cuidar
se va apagando…
y nadie hace nada por encenderlo.
Y entonces uno empieza a entender algo doloroso:
que a veces no es que no puedan,
es que no quieren.
Y cuando alguien no quiere…
no hay discurso, paciencia o amor que lo arregle.
Por eso llega un punto donde uno deja de pedir,
de explicar,
de esperar.
Porque si lo que ofrecen es indiferencia, promesas vacías
y presencias a medias…
entonces tal vez lo más digno que queda decir es:
si va a ser así,
entonces no quiero absolutamente nada.
Prefiero el silencio honesto
que las palabras bonitas
que nunca tuvieron intención de quedarse.
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Autor:
Adrian Alfaro (
Offline) - Publicado: 17 de marzo de 2026 a las 00:54
- Comentario del autor sobre el poema: Me gustaría saber qué opinan de esto.
- Categoría: Sin clasificar
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