El pobre indigente
camina entre la gente,
tropezando aquí,
descansando allá,
hablando consigo mismo
al andar.
Intentando olvidar
con vino a granel,
recién salido
de algún tonel
sus días de soledad.
Al pobre mendigo
no le queda ni un amigo
con quien poder compartir:
su queso ya rancio,
su andar, su cansancio,
su miseria y su dios.
Y al nacer un nuevo día
partirá sin rumbo y sin guía,
su sombrero raído,
sus sandalias puestas…
¡y sus penas a cuestas!
© R. Rodrigo (1981)
-
Autor:
Rafael Rodrigo Domenech (
Online) - Publicado: 16 de marzo de 2026 a las 17:19
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.