Mientras millones y millones
De niños y niñas no
Pueden ir a la
Escuela,
En este mundo cínico
Aprender se ve ya
Como algo casi
Superfluo.
Por otra parte:
¿Qué se
Aprende hoy en las
Universidades?
En algunos rincones de este mundo de hoy “privilegiado” y en algunos aspectos el hecho de ir a una escuela puede ser un hábito, una costumbre más bien, aburrido y casi hasta pueril y así la educación un bien nada brillante, necesaria aunque no todo lo valorada que merecería serlo según algunos aspectos y formas de mirarla. Fuera de este pensamiento – y de esta realidad -, en cierto modo pareciera que la educación es como un don por el valiera la pena arriesgar la vida; en mi niñez casi, y sin casi, lo fue: caminar, solo y con seis años por caminos desiertos de tierra, hacia la escuela y pasar el día allí, desde las nueve a las cinco de la tarde podía ser un sueño que no se cumplía nunca, o un quehacer innecesario porque ¿Qué futuro se podía ver en aquellos años de la dictadura más allá de la simple existencia? Esto es lo que pienso hoy, muchos años después y viendo, a toro pasado, otras realidades. En Gaza, hoy y por ejemplo, el ejército del criminal Netamyahu (hay que decirlo así, insistir en que es un criminal con el apoyo de otros muchos criminales) se ha especializado heroicamente, con el silencio cómplice de las “democracias” occidentales, en bombardear las escuelas con los niños dentro, los hospitales y que la mayoría de las veces eran simples tiendas de campañas ya sin material médico; en estas circunstancias, lo he comprobado de primera mano por personas cercanas que han estado allí, los niños rescatan entre los escombros libros destrozados, cuadernos rotos, simples papeles en los que después podían escribir, restos de periódicos quemados para poder leer: todo ello para hacer escuelas para que los niños no dejaran de aprender, todo bajo las bombas..
Mi padre nunca fue a una escuela, apenas las vio de lejos, me contó en una ocasión en que se acercó a una y miró por una ventana sintiendo una extraña emoción de ver allí a todos aquellos niños sentados en el suelo y escuchando a un hombre; me contó que la clase no tenía pizarra y que el maestro escribía las letras en una pared blanca con el tizne de un palo quemado (carbón) que luego borraba con un trapo mojado que había dentro de un balde con agua: eran aquellos tiempos. Entonces – lo pienso hoy desde la distancia del tiempo – se iba a la escuela a acabar de consumir el olvido que éramos, a reforzar la cultura colonial imperante sin saber que ésta no llegó, allí, para aportar nada bueno porque nada bueno había traído; hoy día, siglo XXI, aún se ven por Televisión, imágenes terribles de aldeas en África repitiendo lo que mi padre vio y es entonces que me pregunto ¿Qué es lo que se pretende, enseñar e imponer su cultura o hacernos olvidar la nuestra? En aquellos años de mi primer tiempo de escuela, ya en un segundo grado, nunca tuve lápices, ni goma de borrar, aún no habían aparecido los bolígrafos a tinta, todo mi material escolar se reducía a una pequeña maleta de plástico de color negra siempre vacía salvo, una pizarra de tamaño menor que una hoja de escribir hoy y una tiza que tenía que prestar mucha atención, recuerdo, a que no se me perdiera dado de que el maletín estaba roto por una esquina.
Años después, ya viviendo en la ciudad, mi padre me sacó de la escuela, acababa de cumplir 12 años; él se quedó inútil para trabajar, mi madre limpiaba escaleras y mis tres hermanos eran menores que yo; la tarde que me dijo que mañana empezaría a trabajar supuso un giro en mi vida que tardé décadas en recuperarme. Empecé en una lavandería y meses después en un hotel, para entonces ya no había visos de volver a una escuela. Sin cumplir los 17 salí de Canarias y no volví nunca más para vivir salvo por un espacio corto de unos años para de nuevo volver a salir y hasta hoy en que no he vuelto. Todo lo que aprendí en lo cultural fue producto de mi trabajo, me salvó la lectura y después la escritura; llegué a publicar en siete periódicos y en dos revistas literarias, lo mejor: no haber estudiado ni haber pasado jamás por una Universidad de periodismo ni de ninguna materia.
Leer a solas en una habitación fue la asignatura que mejor siempre y hasta hoy entendí…
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 15 de marzo de 2026 a las 16:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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