El hielo alzó murallas en mis venas,
aislando la mente del corazón.
Pero llegaste tú, con esa risa que ofrece refugio y pide perdón.
aislando la mente del corazón.
Pero llegaste tú, con esa risa que ofrece refugio y pide perdón.
Tus ojos dictaron un «te amaré» rotundo,
pero el miedo es un carcelero tenaz; no es falta de ganas, es que el dolor me somete y me prohíbe intentarlo una vez más.
pero el miedo es un carcelero tenaz; no es falta de ganas, es que el dolor me somete y me prohíbe intentarlo una vez más.
Mi pecho te reclama entre torturas, mientras mi mente susurra al oído: «Huye de ahí, recuerda tus heridas, no ignores lo que ya has aprendido».
Vuelo entre el «esta vez será distinto» y el eco amargo de «son todos iguales», librando una guerra de instinto y cautela bajo la sombra de antiguos puñales.
Pero en mis noches de insomnio te dibujo
y, sin querer, una sonrisa asoma; veo el futuro entrelazando destinos, como una tregua que el alma toma.
y, sin querer, una sonrisa asoma; veo el futuro entrelazando destinos, como una tregua que el alma toma.
Aunque luego vuelvo a mi propia condena
cuando mis demonios gritan con firmeza:
«No estamos hechos para el amor»,
y me hundo, de nuevo, en la incertidumbre.
cuando mis demonios gritan con firmeza:
«No estamos hechos para el amor»,
y me hundo, de nuevo, en la incertidumbre.
-
Autor:
Mi propia Roma (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de marzo de 2026 a las 16:04
- Categoría: Amor
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: mipropiaroma

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.