ESPEJITO, ESPEJITO

Lourdes Aguilar


AVISO DE AUSENCIA DE Lourdes Aguilar
En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía

Esa tarde estaba muy emocionada porque había comprado un boleto para el teatro de la ciudad donde se presentaría el ballet de Bielorrusia, era una oportunidad única por lo cual quise arreglarme con esmero dentro de mis posibilidades, aunque nadie me acompañara, considerando que el teatro era un hermoso edificio antiguo en el centro de la ciudad y no cualquiera podía pagar el costo de los boletos. 

Después de bañarme, me paré frente al tocador familiar donde lucía enmarcado un antiguo espejo y comencé mi ritual de belleza pues tenía tiempo de sobra. Probé dos o tres de vestidos, me peiné el cabello en una larga trenza, me esparcí perfume, me puse aretes y un collar sencillo, un poco de maquillaje y labial, de frente al espejo mi rostro reflejaba emoción: ¡El ballet de Bielorrusia!, sus vistosos trajes, su destreza, su música, me imaginé a mí misma atravesando la tundra en un tren y empecé a preguntarme en voz alta cómo se escucharía su lenguaje, cómo se inspiran, cómo me vería yo con uno de sus vestidos típicos, suspiraba con lo guapos que me parecían sus hombretones de botas y gorro bailando Kalinka,  me sentí radiante, hermosa y feliz; luego de ponerme los zapatos me miré por última vez antes de salir y, enviándole un beso volado a mi imagen me despedí preguntándome orgullosa: ¿quién es la más bonita de hoy? 

 Apenas me giré escuché a alguien responder: 

-Por más emperifollada que andes, desde luego no eres tú 

Asustada y extrañada, no tanto por la respuesta sino por el hecho de haber recibido una volteé y miré de nuevo el espejo, pero tan solo mi reflejo exacto estaba en él. 

- ¿Fuiste tu? ¿Has hablado? 

-Por supuesto, ¿acaso hay alguien más? 

-Pero, pero los espejos no hablan 

Una risita burlona contestó desde algún punto de su superficie 

-Por supuesto que sí, pero preferimos ver y callar. 

- ¿En serio? Entonces, ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué ahora? 

-Tu última pregunta fue muy tonta. 

- ¿Todos los espejos son groseros? 

-No mentimos. 

- ¿Qué tiene de malo hacerme yo misma una pregunta? No esperaba respuesta, mucho menos una tan insolente 

-Te la pasas haciéndote tantos monólogos y preguntas frente a mí que tú eres quien debería callarse ¿no puedes simplemente reflejarte en silencio y sin tanto circo? 

-Tú eres un espejo y por siglos has servido para que la mujer se arregle, eso no es “emperifollarse” o al menos esa no es mi intención, a cualquiera le gusta verse bien. 

-Entonces tu pregunta está mal formulada, para empezar la belleza es muy relativa, incluye sujetos y objetos, además en gustos se rompen géneros, por lo cual no hay mujer más bonita que otra y depende a quién se lo preguntes, puede que a alguien le gustes como le puede gustar una vaca o un sillón, o si le haces esa pregunta a un buey o a un orangután puedes tener una respuesta muy halagadora, en segundo la anatomía y las facciones varían con el tiempo, es decir, hoy la belleza de ayer puede haberse desvanecido y otra está en su esplendor, además... 

-Ya cállate, esa cátedra tuya me marea, yo no necesitaba una respuesta, estaba tan contenta antes de salir y respondes como si me hubiera puesto un vestido de quinceañera y embadurnado la cara como la reina Isabel de Inglaterra cuando tan solo me pasé una mota de maquillaje y me pinté los labios. 

-Cuatro capas para ser precisos y aun así se te notan las arrugas, además ese color de labial no te queda. 

- ¡No te estoy pidiendo tu opinión! ¡Eres más majadero que mi hermana! 

-Ella es menos fea que tú. 

 Sentí que me hervía la sangre, no suelo mirarme en los espejos no podía permitir que uno arruinara mi noche, estaba complacida con mi imagen por lo cual estuve a punto de desprenderlo y estrellarlo contra el suelo, pero una malsana curiosidad me hizo preguntarle: 

 - ¿Sabes si mi hermana se hizo cirugía? 

-Ah, tu hermana también es tonta, cuando viene se revisa la cicatriz en el busto, como si al ponerse esos globos de silicona no hubiera quedado rastro, ¡tanta convalecencia! como si ahora esas cosas pudieran transmitirle algo de placer al ser tocados, además compró unos calzones con almohadilla para levantarse las nalgas. 

- ¡Lo sabía!¡También usa pestañas postizas! 

-Y tú usas dentadura postiza... 

- ¿Qué tienes contra mí? ¡Estúpida embarrada de sílice parlante! ¡Ahora sí te voy a estrellar! 

-Para ser exactos: capa reflectante de aluminio sobre arena compactada de ... 

 Fueron sus últimas palabras antes de quedar esparcido en el piso, mi ego por fin respiró pues no había nada peor que un espejo chismoso, reuní los pedazos con una escoba y después de depositarlos en el bote salí de la casa decidida a no volver a hablar frente a un espejo.

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  • Autor: Lourdes Aguilar (Online Online)
  • Publicado: 15 de marzo de 2026 a las 10:16
  • Categoría: Humor
  • Lecturas: 2
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