Mientras pensaba que estaba aprendiendo a vivir,
contando estrellas como quien cuenta los latidos,
sintiendo la lluvia como himno tibio del destino,
me enseñabas en silencio
la forma más sutil de morir.
Creí que la vida era esa suma
de días que amanece sin avisar,
de besos dados a medias,
de promesas sin firmar.
Pero era otra cosa…
una despedida lenta disfrazada de hogar.
Cada sonrisa que guardé
fue un adiós que no entendí,
cada abrazo, un eco de algo que ya no está aquí.
Y en ese intento de aferrarme a lo eterno,
fui soltando lo que más quería.
Así aprendí…
que vivir no es más que morir
con un poco de fe cada día.
Y que el verdadero arte
no es alargar la existencia,
sino dejarla ir
con la dignidad d
e quien amó sin medida.
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Autor:
R. (
Online) - Publicado: 13 de marzo de 2026 a las 04:14
- Categoría: Sin clasificar
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