Una reflexión analógica entre la comunicación radial y la conexión profunda de las almas
Un ensayo en verso (texto leído con fondo sugestivo) que vincula en forma simbólica a la comunicación profunda humana entre almas, con la vieja práctica del diexismo (DX: afición a la onda corta)
🎧 Se recomienda enfáticamente escuchar el audio durante la lectura
Daniel Alamón · Dos Almas _en el éter MIX FINAL
Monólogos del desencantoEl lenguaje: sus claves
A veces uno tarda años
en entender algo que sin embargo estaba ahí…
delante de las narices...
Hoy creo haber entendido
una de esas cosas.
Y sus vericuetos y matices...
Lo que hoy vengo a decir
tiene que ver con el lenguaje.
Con las palabras, con sus formas
y con lo que contienen o no según las normas...
Lo que me ocupa en estos versos
tiene que ver un poco con eso:
con lo que usamos todos los días
creyendo que sirve para entendernos...
Y sin embargo, hacerlo no siempre es posible…
tantas veces fracasamos, intentándolo: y no sirve.
Porque a veces, según tono y formas
las palabras nos acercan.
Pero otras veces… separan: a veces...
Y la conexión no se establece...
Yo he tenido desde siempre
una relación muy profunda y particular:
con el idioma, concretamente:
... y lo digo sin falsa modestia:
Yo lo cuido. Lo respeto.
Casi a veces algo exagero:
pues me vuelvo su vigilante
de consonancia, de su gramática y de sus yerros
De alguna forma lo venero...
Porque para mí el lenguaje
no es solamente un instrumento.
Es algo más íntimo.
Es la interfase entre mi interior
mi mundo ... y el mundo.
Entre lo que ocurre en este lugar profundo
—este magma que parece dormido—
y lo que finalmente logra salir:
a la superficie, ya en palabras convertido...
Porque dentro de uno existe un mundo
en el que hay cosas que no están jamás quietas.
Hay como placas continentales
que se mueven y que a la corteza afectan..
Hay presiones.
Hay volcanes.
Y cuando algo de todo eso se estremece
empieza a subir… Y allí aparecen
las primeras palabras: o su lo previo;
su intuición -en forma breve.
Yo las escucho:
porque viven y crecen
Aunque Torpes o Inseguras.
Pero si uno se deja llevar…
¡de pronto aparece un sentido!
como un ritmo que invita a danzar
como un son con contenido...
Y emerge un verso (o algo parecido..)
Y susurra una rima (la que del verso su prima)
Y entonces un algo concreto así adviene:
y el lenguaje empieza su hacer cotidiano: dice consciente...
Y en un acto extraordinario,
cual una oruga volviéndose mariposa
él empieza a traducir
lo que antes no tenía forma.
Y hasta ahí todo va muy bien.
Hasta ahí el idioma es un regalo.
Un don, en algunos tal vez,
y un beneficio comunitario, humano...
Se consuma así un puente
entre lo que uno es y siente…
y lo que uno logra expresar desde sí mismo.
Pero después aparece el otro lado del puente...
¿De por medio? ¡a veces un abismo!:
pero allí está -ello siempre- El Otro:
el receptor, el amigo, el cercano, el vecino ..
(y alguna parte de uno mismo:
en parte, la parte de su propio abismo)...
Y ahí es que empieza el problema.
Porque comunicar no es simplemente escribir o hablar.
Comunicar es tender a cruzar un abismo:
el consabido; pero que es hondo tal ¡como a no imaginar!
Y para cruzarlo no alcanza con un simple andamiaje:
él en lo práctico está encriptado y no hay solo una clave.
Se necesitan siempre dos: la del que en el caso emite.
Y la del que recibe, la del receptor: que otra clave a veces exhibe...
Y hoy lo entendí,
y como asunto clarificado
a algo que me golpeó con fuerza.
y que desde hace rato se me venía insinuando...
Que aunque el idioma sea el mismo…
y aunque las palabras sean las mismas…
¡cada uno maneja su propia clave de descifrado!:
y eso "complica" la comunicacional experiencia...
Es -en clave metafórica- ¿esa tal clave?
parte propia de su propia historia.
Su personal sistema de significados
de cómo ha interpretado lo real y su memoria...
No es trivial, ni es algo que "sin pena ni gloria":
Ella implica su propia manera de entender el mundo.
Entonces... cuando uno habla. Cuando dice lo que siente.
Aún si lo Lo hace con cuidado y con respeto por el lenguaje.
Cuando la incluye a la vigente,
a toda la autenticidad que uno puede
Muchas veces y sin embargo…
muchas veces del otro lado
.... ¡o no llega nada!
o mal, ¡muy mal! se nos entiende...
Es como si el mensaje viajara "por el éter"…
pero que no encontrara la clave:
o la sintonía que entenderse requiere.
Como si hubiera sido el mensaje enviado
pero en una encriptación muy radical
por diferente o hasta no compartida, invisible.
Y del otro lado… la clave manida fuera harto, muy distinta.
Durante mucho tiempo pensé
que era un problema mío.
Que no sabía decir.
Que no sabía explicar.
Que algo fallaba en mi manera de hablar.
Pero hoy sospecho o más bien pienso,
si que ¡no! a lo anterior descartar
que operan muy otras cosas
al momento de comunicar.
Que hay un punto
en el que comunicar
ya no depende de uno.
Depende del otro y sin más asunto.
De su clave.
De su disposición.
De su capacidad de escuchar
algo que tal vez
ni siquiera recibir, ni registar
como algo que ni sabía que le estaba faltando.
Y esto me hizo pensar,
en algo que siempre me fascinó:
En la radio por onda corta:
un viejo milagro tecnológico, ya poco o nad de moda.
Una especia de ritual
que involucra muchos planos: a
algunos que desde lo racional,
y a unos cuantos que desde lo mágico y humano
Uno gira lentamente la ruedita el dial…
y de pronto una voz aparece que nos detiene, ya sin más.
Es Lejana. Es difusa, confusa y vaga.
Es distante, así se siente aunque provenga de países adyacentes.
A veces ... es voz que no dice nada:
por deformada y por el ruido.
Otras muchas es interrumpida
por la lógica física de la atmósfera, del clima.
Pero... hay alguien, se percibe y se presiente;
y por ende el oído y el corazón persisten:
en algún lugar del mundo,
hay alguien que algo está aún confuso
que está transmitiendo:
¿¿qué será lo que NOS está diciendo??.
(pues un evento, un momento personal...)
Y de tanto fortuito en ello
y de su realidad global y técnica maravillosa
lo más extraordinario de todo esto:
es que no todos podrán escuchar esa señal que nos emociona.
Hace falta estar en la frecuencia correcta.
En el momento correcto. En el adecuado lugar de el dial
Y NO hace falta "un oído perfecto"... ¡pero uno que sí atento! ávido de escuchar.
Si se dan las condiciones y las propagaciones bien conspiran
entonces la señal clara aparece: débil, sí, ello a veces;
e imperfecta, frágil ¡pero suficiente y con un mensaje real!
....
Y.. tal vez el lenguaje humano
funcione un poco así, análogo pero sin un díal:
como de las almas una especie de radio
a las que hay que también sintonizar...
....
Y Uno habla. Y Uno emite.
Uno se conecta y su mensaje trasmite
Uno lanza sin más al mundo
lo que lleva adentro, en lo profundo.
Y claro lo dice: o eso intenta
anhelando el contacto del ajeno
frente al cual, como una señal
al mensaje el otro lo oye
(y no siempre, y así sin más, no siempre escucha...)
Lo que advino en este rato en que hurgué en mis sensaciones
fue una plácida sensación de estar haciendo lo que sí corresponde:
Hacer lo mío, decir mi verbo:
mostrar mi quien soy;
y compartir mi cuando y mi credo
PUes no se sabe nunca
quién me estará escuchando
(y de oirme, posiblemente haciendo su mejor intento).
No se sabe cuándo...
Y ni si hay alguien, en algún otro lugar:
Ni cuándo ni cuánto estará su perilla girando
procurando me sintonizar en su dial
¡Y así resonar! ... justo en este preciso instante.
....
Muy pocas veces me ha pasado, y es por eso que he andando dudando:
en reparar mi trasmisión, en potenciar su antena y su modo de difusión
Ocurre poco.. ¡Pero a veces ocurre!
Algunas veces inesperadas, surgidas como de la nada
y en medio -y a su pesar- de todo el ruido del mundo, que ensordece…
Alguien capta la señal.
Y entonces algo sucede.
Algo pequeño ¡pero extraordinario!:
Las claves coinciden: ... y el mensaje se capta.
Y por un instante —breve, frágil, improbable—
dos conciencias logran entenderse.
Tal vez lo esencial en lo de comunicar
no sea otra cosa ni menos ni más que eso:
Emitir con honestidad.
Sintonizar con parsimonia y paciencia:
a la señal remota y lejana
que llega a mi acá, por la magia del arte sin ciencia
¡Y aceptar que los verdaderos encuentros
no son masivos!, ni son sencillos ni menos son más que nada concretos...
Son, sí ¡raros! ¡E improbables!
Y por eso mismo… cuando ocurren…
¡son profundamente valiosos!
Y poco importa cuánto tarden.....

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.