En lo profundo calla una presencia,
como un rumor de estrellas en el pecho;
no tiene voz, ni forma, ni fronteras,
mas guía al alma en su callado trecho.
Cuando el silencio envuelve nuestras horas
y el mundo deja de imponer su ruido,
surge una luz que nace desde dentro
como un antiguo fuego compartido.
No pide templos altos ni altares,
ni exige oro ni incienso a la mañana;
habita en cada gesto compasivo
y en cada mano abierta que se hermana.
La espiritualidad es leve senda
que el corazón aprende paso a paso;
no es huida del mundo ni del tiempo,
sino mirar la vida sin rechazo.
Quien oye esa verdad callada y pura
descubre un horizonte sin medida:
que el mismo soplo anima a cada ser
y enlaza todo cuanto alienta vida.
Así, en lo más sencillo se revela
la eternidad que el alma reconoce:
un hilo de misterio y de esperanza
que en cada ser humano se hace voz.
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Autor:
Efrain Eduardo Cajar González (
Online) - Publicado: 12 de marzo de 2026 a las 01:44
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 1

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