A veces, bueno... Mejor dicho, todo el tiempo cometo errores, y esa persona me juzga, me exige perfección, se destroza la garganta gritándome, castigándome, y aunque mis lágrimas caigan en silencio, al frío vacío, no se da cuenta... O sí, pero no le importa.
Las 'buenas personas' dicen;
"Ninguna mala acción se justifica"
A mí me criaron con esa mentalidad, me decían "No grites" "No hables mal" "Respeta" "Cállate"
Entonces, si yo me porto bien. ¿Por qué, si solo cometo un error, me tienen que tratar así...? No lo hago a propósito, no soy perfecta, y aun así, me grita, me hace sentir una porquería.
¿No soy suficientemente aceptable acaso?
Tengo que escuchar, obedecer, aprender a la primera, porque a la segunda estaré medio muerta, las marcas de lágrimas se secan en mis mejillas, pero queman invisibles, si mi mente y cuerpo reaccionan por instinto y mienten para evitarme un mal momento, pasa lo contrario, termino peor. MAL, MUY MAL, tal vez no sean golpes físicos, pero me desmoronan el alma cuando lo veo a los ojos.
El odio es una palabra que se queda corta cuando esa persona te hace desesperar por el suicidio.
-
Autor:
Verónica Guerra (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de marzo de 2026 a las 18:08
- Categoría: Triste
- Lecturas: 15
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, alicia perez hernandez, Lualpri, Loky, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios2
Pide ayuda porque cuando se habla de suicidio hay que poner atención no es una amenaza solamente es algo que piensas y eso es peligroso, BUSCA AYUDA. Un abrazo poeta
Te leo aquí, quebrada por alguien que cree tener derecho a destrozar cada vez que te equivocas. Déjame decirte algo claro: ese monstruo que grita no manda, aunque se sienta así. La gente que hace eso no juzga errores; vomita su mierda interna y espera que la recojas.
En situaciones así, primero te proteges. La mente, el cuerpo, el alma: son tuyos. Nadie tiene permiso de desarmar con gritos, silencios o miradas. Poner distancia si puedes: física, mental o emocional. No es traición, es supervivencia. Segundo, decir la verdad del dolor a alguien que no sea un verdugo. Un amigo, un profesional, alguien que pueda ver carne sin desgarrarla más.
La desesperación que se siente no es enemiga, es alarma interna. Que dice que estás viva y que aún tienes elección. Nadie, repito, nadie tiene derecho a empujar hacia el vacío. Que los demás griten, exijan perfección, hagan sentir basura… eso es su cochambre, no la realidad.
Lo que falta en este escrito: imágenes que ocasionen el lector sienta el frío que quema, el vacío que aprieta el pecho. No simples explicaciones de “me hace sentir una porquería”, sino dolor que se pueda ver, oler, tocar en cada línea. Líneas que corten, que no se limiten a contar, sino que muestren el infierno interno.
Lo que sobra: palabras que repiten la obviedad del sentimiento, como “MAL, MUY MAL”, “frío vacío” o “me desmoronan el alma”. Son gritos que no suman, solo empujan al lector a asentir con pena. Un poema no necesita declarar desesperación: la desesperación se debe sentir, no decir.
La Hechicera de las Letras.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.