Te espero en el cielo

Augusto Cuerva



Prosa:

 

"Te espero en el cielo."

 

No en ese cielo de luz cegadora y nubes de oro que pintan los viejos maestros, sino en el cielo íntimo que llevamos dentro y que a veces, sin saber cómo, se nos escapa por los ojos cuando miramos una puesta de sol. Te espero donde el aire es tan sutil que no necesita palabras para nombrar las cosas, y donde el tiempo, cansado de medir distancias, se duerme al fin en un rincón.

 

Te espero en el cielo donde habita la música que no pudo escribirse y los versos que se quedaron mudos en la garganta. Allí donde tu nombre, pronunciado en voz baja, hace brotar las estrellas como chispas de un yunque invisible. Te espero no para decirte adiós, sino para empezar a decirte todo lo que el silencio de la tierra no nos dejó contarnos.

 

Bajaremos entonces, de la mano, a pasear por los jardines de la memoria, y sonreiremos al ver, desde lo alto, cómo las pequeñas penas de este mundo se confunden, a lo lejos, con las luces de un barco en la noche. Te espero. No llores, si aún me oyes. La ausencia no es más que un cristal empañado; cuando llegues, soplaré suavemente y volveremos a vernos claros, como en aquel primer día en que, sin saberlo, ya nos estábamos esperando.

 

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Soneto

 

Te espero en el cielo

 

Te espero en el lugar donde el olvido

no tiene nombre, y el amor, sentido;

donde el eco que un día se fue herido

vuelve hecho luz de lo que fue gemido.

 

Allí donde no existen las distancias,

ni el frío adiós que apaga la mirada,

ni esa lenta y cruel madrugada

que vistió de silencio nuestras ansias.

 

Te espero con el alma entre las manos,

como espera el que sabe que el camino

se hace eterno si no vas conmigo.

 

Y aunque la niebla borre los humanos

perfiles de este mundo peregrino,

no temas, que a tu lado ya te digo.

 

Décimas

 

I

 

Te espero en el cielo, amada,

donde el tiempo no lastima,

donde la niebla que oprima

será en luz desvanecada.

No hay palabra que no es nada

si el eco queda aquí abajo;

mas yo, desde este atajo

de sombras y despedida,

sostengo con alma herida

la fe de nuestro trabajo.

 

II

 

¿Qué es el cielo sin tu risa?

¿Qué es la luz sin tu mirar?

Una concha vacía del mar,

una lira sin brisa.

La muerte es fiel sonrisa

si sé que vas a venir,

si al fin te puedo decir

lo que el miedo calló tanto:

que este silencio y llanto

es promesa de vivir.

 

III

 

No temas la noche fría

ni el caminar sin testigos,

que van conmigo tus trigos

y el sol que tu nombre hacía.

Aquí, en la espera mía,

se hizo verso la tristeza,

y en la divina corteza

de un cielo que ya presiento,

grabé con el pensamiento

la forma de tu belleza.

 

IV

 

Si un día sientes que el viento

te trae un nombre callado,

sabrás que no me he alejado,

que es otro mi nacimiento.

En el aire del momento,

cuando el alma se deslice

y el mundo se desvanece,

oirás mi voz conocida:

"Te esperé toda la vida,

y el cielo al fin anochece".

 

Alejandrinos

 

I

 

Te espero en el silencio que empieza donde acaba

la música del mundo, sus ecos y sus nombres.

Te espero en esa orilla donde la luz se sienta

a ver pasar las almas como pasan las olas.

 

No es un cielo de nubes ni de ángeles cantores,

es solo la presencia continua de lo eterno,

el sitio donde el tiempo se duerme entre tus manos

y pueden las palabras descansar para siempre.

 

II

 

Allí no hay mañanitas que lleguen de repente,

ni tardes que se mueran de espaldas al olvido;

es todo como un libro que siempre está en la página

donde dos que se amaban lograron comprenderse.

 

Te espero con la calma del que sembró una estrella

y sabe que la tierra devuelve lo sembrado.

Te espero con la fe del agua que fue río

y un día, mar adentro, se encuentra con el cielo.

 

III

 

¿Recuerdas cuando el aire temblaba de poesía

y todo lo que hablábamos se hacía de cristal?

Pues ese aire mismo, purificado ahora,

es el cielo que habito mientras llegas tú.

 

No temas la distancia que miden los que ignoran

que amor es un latido sin tiempo ni lugar.

Que yo, desde este lado donde la luz no pesa,

sigo escribiendo versos que tú podrás borrar.

 

IV

 

Tejiendo con la ausencia un manto de presencias,

así paso las horas que faltan para el beso.

Mi cielo es una alcoba de sombras bienvenidas

donde guardo tus pasos, tu risa y tu vestido.

 

Y cuando al fin traspases el último horizonte

y veas que este espacio te estaba esperando,

comprenderás el verso que nunca te dije claro:

que el cielo no es sin ti más que un desierto enorme.

 

Autor: Augusto Cuerva Candela 

País: España, Madrid 

Todos los derechos reservados en Safe

  • Autor: Augusto Cuerva (Online Online)
  • Publicado: 10 de marzo de 2026 a las 08:18
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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