¡Tú eres el trueno primero, la raíz y el cimiento!
El único amor que no sabe de dudas ni tiempo.
No hay mayor verdad que tu mano en mi destino,
fuiste la luz valiente que trazó mi camino.
Has sido el escudo real en todas mis guerras,
la fiera que ruge cuando el mundo me cierra.
Me enseñaste a volar siendo tú mi refugio,
el único abrazo que no tiene subterfugio.
Me forjaste el carácter con chanclas y ternura,
con golpes de vida y con fe de la pura.
Si hoy soy un hombre que lucha y que aguanta,
es por la fuerza de acero que en tu ejemplo levantas.
Tú eres el mapa, la brújula y mi mejor suerte,
un lazo de vida que es más fuerte que la muerte.
Que no hay poesía, ni verso, ni rima sagrada,
que logre explicar lo que vales, mujer venerada.
Perdóname si te he de sentir sola y perdona si a veces el mundo me roba el aliento,
y olvido decirte lo mucho que por ti yo siento.
Tu amor es mi calma, mi paz y mi bautismo
¡Tú me salvaste siempre de caer al abismo!
¡Maldito el silencio que calla lo que te debo!
Eres el motor de todo lo que me atrevo. Te amo
Gracias, mi vieja, por ser mi trinchera,
mi madre sagrada y mi vida entera
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Autor:
Poeta8017 (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 10 de marzo de 2026 a las 00:31
- Comentario del autor sobre el poema: En esta parada de mi viaje sentimental, me detengo ante el altar más sagrado de mi vida. Porque madre es quien te enseña a caminar, quien te forja con sacrificio y te protege como una fiera contra el mundo. Estas letras son para mi madre, la mujer que se convirtió en mi raíz y mi templo, la que con su fuerza inquebrantable me hizo el hombre que soy hoy.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- En colecciones: El viaje sentimental.

Online)
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