Ven.
La noche tiene la forma de tu cuerpo
cuando la lámpara se inclina
y descubre el lento escándalo de tu piel.
Eres un jardín prohibido
donde el deseo madura como un veneno dulce,
y mis manos —pobres peregrinas—
se extravían en la liturgia tibia de tus sombras.
Tu perfume…
ah, tu perfume.
Tiene algo de tumba recién abierta
y algo de paraíso derramado.
Es un aroma oscuro
que despierta en mi sangre
una blasfemia deliciosa.
Déjame hundir mi rostro
en el cáliz secreto de tu noche,
donde la carne aprende
la música húmeda del pecado.
Tus labios no rezan:
maldicen.
Tus suspiros no suplican:
incendian.
Y cuando tu cuerpo se arquea
como un arco tensado por la fiebre,
mi alma —ese animal enfermo de deseo—
bebe de tu temblor
como de un vino maldito.
Porque tú no eres ternura.
Eres la belleza terrible
que florece en los abismos.
La mujer
que convierte el placer
en una lenta condena.
Y yo,
felizmente condenado,
vuelvo a perderme en ti
como un ángel caído
que descubre, al fin,
que el infierno
tiene tu nombre.
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Autor:
Diego Pantoja (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 9 de marzo de 2026 a las 09:21
- Categoría: Erótico
- Lecturas: 1

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