Me preguntaron hoy si el amor es quimera,
o un fuego que se apaga al llegar primavera.
Y respondí en silencio, mirando hacia mi historia:
es dar la vida entera, sin buscar la victoria.
Es brindar el cobijo, la paz, el sentimiento,
y aunque partan mañana tras el rumbo del viento,
sentir la dicha inmensa, sagrada y genuina,
de haber sido la mano que apartó la espina.
El amor no encadena, ni pide, ni retiene,
no cuenta los tesoros que en su arca mantiene.
Y aunque me sea devuelto mal por el bien sembrado,
seguiré dando luz, seguirá enamorado.
Pues mi mayor fortuna no es lo que el otro entregue,
sino ver que su risa por el mundo se despliegue;
ver brillar esos ojos a los que di mi abrigo,
aunque ya no caminen a la par conmigo.
Gracias, Padre, por darme esta clara conciencia,
que el mundo no mancille mi luz ni mi esencia.
Aunque otros no valoren lo que el alma les brinda,
Tú alimentas mi pecho para que nunca se rinda.
Tú, que entre los insultos y el golpe de la herida,
por amor a nosotros entregaste la vida,
venciendo con perdón la sombra y el engaño,
curando con Tu luz el más profundo daño.
Aquí estoy, Dios amado, pídeme todavía,
que me sobra la fuerza y me sobra alegría.
Exígeme, que quiero ser luz y testimonio,
y en Tu nombre sagrado vencer al patrimonio
del odio y la traición; que mi fe no se mude,
y que venza en mi entrega la sombra de un Judas.
Que mi amor sea un río que no busca el regreso,
un alma que se entrega... y no se vende en un beso.
Pues amar como Amas, sin medida ni dueño,
es la meta más alta de mi más grande sueño.
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Autor:
El hombre de la orquidea (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de marzo de 2026 a las 06:46
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Offline)
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